antes de sentarte

Como con todas las cosas, comienza desde donde estés.
Tienes ya todo lo necesario.
Primero, decide sentarte cada día.
Luego, planifica el momento, lugar y duración de tu meditación.

Escoge un momento

El mejor momento es aquel en que
realmente podrás practicar a diario.
Muchos recomiendan la mañana
pues la mente está más fresca
y el entorno más tranquilo.
Pero lo mejor es que sea un momento
que te acomode a ti.
No hay “momentos mágicos”.

Escoge un lugar

No hay lugar perfecto.
Si es posible, dedica un lugar exclusivo para tu sentada diaria.
Escoge un lugar relativamente tranquilo donde puedas poner tu silla o cojín
de manera que esté siempre ahí disponible y listo para la práctica.
No es necesario adornar el lugar con objetos o amuletos,
pero si te motivan a una práctica sincera,
¿por qué no?

Escoge una duración

Si no es posible una sentada larga,
intenta con una más corta
de al menos 30 minutos.
La idea es que la duración te sea cómoda
pero intenta que sean al menos 30 minutos
– tiempo suficiente para una experimentación satisfactoria.

Incluso 15 o 20 minutos parecerán una eternidad al comienzo,
pero esa impresión cambiará con el tiempo.
Si te sientas cada día, experimentarás notables beneficios
– menos reacciones impulsivas, más calma –
y serás capaz de aumentar la duración de tu sentada.

Establece tu postura e intención

Siéntate en una silla, cojín, o banquillo
derecho y estirado, pero sin exagerar.
No fuerces la postura, ponte cómodo.

No hay magia alguna en sentarte incómodo
en postura de loto, medio loto, o lo que sea.
Si no estás acostumbrado a sentarte por tiempos largos en el suelo,
siéntate en una silla, ¿cuál es el problema?
Simplemente, no te recuestes sobre el respaldo.
Puedes doblar una toalla y ponerla entre el respaldo
y tu espalda sobre la altura de la cintura,
para establecer un punto de contacto
y que no hagas siesta en vez de practicar
por haberte recostado.
Una vez con la espalda derecha,
deja que el resto de tu esqueleto y músculos cuelguen libremente.
Deja que las manos descansen cómodamente sobre tu regazo.
Deja que tus ojos se cierren, llevando la atención al interior.
Deja que tu rostro se relaje en un leve y sereno sonreír.
Sonríe serenamente por los ojos también.
Siente esa sensación sonriente en todo el cuerpo.

Ahora estás listo para comenzar.

Antes: … relaja …

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