Buddha, El Terapeuta Radical

Buddha – El Terapeuta Radical

por Venerable Madawela Punnaji

Se dice que los antiguos médicos Nativos Americanos podían, por algún método, encoger (en inglés: shrink) las cabezas de sus enemigos, luego de matarlos, y preservarlas como trofeos. Los psiquiatras y psicoterapeutas modernos han sido apodados “shrink” por esta razón. Son comparados con aquellos antiguos médicos. A este “encogimiento de cabeza”, sin embargo, puede dársele una interpretación diferente en relación  a la psicoterapia. Una psicoterapia llevada apropiadamente puede ser una deflación del “ego” de  la persona. Aunque es también a veces una forma de inflar el “ego”.

“Uno de los principales factores que diferencian a los humanos de otros animales es la conciencia del sí mismo: la habilidad de formar una identidad y luego adjuntarle un valor a ella”, dicen Mathew McKay y Patrick Fanning, en su libro Auto Estima. “tienes la capacidad de definir quien eres y luego decidir si te agrada esa identidad o no. El problema de la auto-estima es esta capacidad humana de juicio. Una cosa es no gustar de ciertos colores, ruidos, formas, o sensaciones. Pero cuando rechazas partes de ti mismo, dañas tremendamente las estructuras psicológicas que literalmente te mantienen vivo.”

“Juzgarte y rechazarte a ti mismo provoca enorme dolor. Y de la misma manera en que te cuidarías y protegerías de una herida física, te encuentras a ti mismo evitando lo que sea que pueda agravar el dolor del auto-rechazo de cualquier forma. Tomas menos riesgos sociales, académicos, o en tu carrera.  Haces más difícil para ti mismo conocer personas, entrevistarte para un trabajo, o esforzarte para algo en lo que pueda que no tengas éxito. Limitas tu habilidad de abrirte a otros, expresar tu sexualidad, ser el centro de atención, escuchar críticas, pedir ayuda, o resolver problemas. Para evitar más juicios y auto-rechazo, eriges banderas de defensa. Quizás te culpes y te enojes, o te entierres en el trabajo perfeccionista. O fanfarroneas. O inventas excusas. A veces te vuelcas al alcohol o las drogas.”

McKay y Fanning señalan además que cientos de investigadores han estado trabajando en este problema, intentando descubrir las causas del auto-estima y las maneras de desarrollarla. De lo que estos dos autores dicen, es muy claro que los psicólogos modernos han comenzado a ver el problema psicológico como la falta de “estima del sí mismo,” y por ende han hecho del “auto-estima” su principal foco de atención. Han comenzado a pensar que la solución al problema es encontrar maneras de desarrollar la estima del sí mismo.

Bernie Zilbergeld, en su libro, The Shrinking of America [N. del T.: literalmente El “Encogimiento” de América. “Shrink” en inglés es “encoger”, pero también es el apodo que se les da a los psicoterapeutas], señala que aunque la psicoterapia en general tiene solo efectividad limitada, sus estudios le han llevado a creer que la psicoterapia sí afecta positivamente a la auto-estima. La auto-estima mejorada “puede que sea el resultado más importante del consejo.” En otras palabras, lo que la psicoterapia moderna ha sido capaz de lograr positivamente hasta ahora es solo la mejoría de la auto-estima. Esto podría, en el futuro también, convertirse en el objetivo principal de la psicoterapia.

Alfred Adler, uno de los pioneros de la psicoterapia moderna, señaló que el sentimiento de inferioridad está en la raíz de todos los problemas psicológicos. Este sentimiento de inferioridad se desarrolla en la temprana infancia puesto que los niños son naturalmente más débiles que los adultos. Además, el niño que crece está destinado a conocer niños que son mejores que él de determinadas maneras. Por lo tanto, nadie escapa a estos sentimientos de inferioridad y envidia. Todo niño desea estar bajo las luces, ser el centro de atención, y ser aceptado. Inferioridad quiere decir que uno no es aceptado, uno no está bajo las luces. Los sentimientos de inferioridad provocan que el niño sienta que no es el adecuado para estar bajo las luces, y que, si fuese lanzado bajo las luces, la gente descubriría su inferioridad o inadecuación y lo rechazaría. Claro está, que solo se está rechazando a sí mismo al juzgarse de esta manera. Sin embargo, al no darse cuenta de esto, se escapa de la atención pública. Comienza a tiritar cuando la atención es focalizada en él. Este sentimiento de inferioridad, cuando se lleva a la vida adulta, no permite a las personas avanzar en la vida. Esto podría además llevar a toda la variedad de problemas psicológicos mencionados antes. Así, nadie escapa de los problemas psicológicos, es normal tenerlos – es supernormal ser libre de ellos.

Las personas compensan estos sentimientos de inferioridad en variadas formas. Uno puede que lo compense intentando lograr grandeza de alguna manera u otra, buena o mala, social o antisocial. Uno puede que lo compense volviéndose un filántropo, un criminal o un neurótico de acuerdo a como lo compense. Así es como se desarrolla el carácter, ya sea bueno o malo. El escape hacia la neurosis o la psicosis funcional es un intento de compensar de manera irrealista. Esta compensación irrealista puede además llevar a perversiones, alcoholismo, drogadicción, e incluso suicidio. Esto es además lo que hace a las personas volverse al crimen y la guerra. Tanto bueno como malo pueden venir de sentimientos de inferioridad, dependiendo en cómo uno escoja lidiar con ellos. Y nadie puede escapar de los sentimientos de inferioridad.

Más de veinticinco siglos atrás, fue Siddhatta Gotama, el Buddha (el Despierto), quien descubrió una manera diferente de comprender y resolver este mismo problema de baja auto-estima o complejo de inferioridad. Le llamó a este problema “dukkha,” que quiere decir, “dolor,” o incomodidad, tanto física como mental. Él lo vio como “la incomodidad de ser,” (bhava dukkha).  La palabra “ser” aquí se refiere a “ser un sí mismo.” En otras palabras, esta “conciencia del sí mismo” o conciencia de ser un “si mismo” o tener una “personalidad,” es un problema. Tendemos a personalizar e identificarnos no solo con nuestro cuerpo y mente, sino también con las cosas fuera del cuerpo, tales como nuestra familia, nuestra cultura, nuestra nación, nuestro trabajo, nuestro estatus financiero y social, nuestras calificaciones educacionales, nuestros logros, y todo tipo de cosas internas y externas, materiales y espirituales con las que normalmente las personas se identifican.

Esta identificación es también llamada “personalización” (upadana) en Buddhismo. Es mediante la personalización que adquirimos una “identidad personal,” o “personalidad.” “Personalizar” es pensar y sentir, “esto es mío.” Uno tiene a personalizar el cuerpo pensando, “este cuerpo es mío.” El cuerpo se vuelve una propiedad personal. De la misma manera uno personaliza sensaciones que surgen y pasan en el cuerpo. Similarmente uno personaliza percepciones, concepciones, emociones, actos, y la conciencia misma, como “mío.” Uno personaliza, no solo el cuerpo y los procesos mentales que continúan dentro del cuerpo; uno incluso personaliza objetos externos, como los miembros de la propia familia, los ancestros de uno, el estatus social de uno, el trabajo de uno, el salario de uno, el hogar de uno, el automóvil de uno, la cuenta bancaria de uno, y muchas cosas más como tales. La suma total de todo lo que ha sido personalizado se convierte en el “sí mismo” de uno. Lo que ha sido personalizado es con lo que uno se identifica, y llama “mío” o “mí mismo.” Entonces la “identidad” de uno se convierte en aquello con lo cual uno se identifica o personaliza. En otras palabras, el Buddha vio que la personalidad es solo un concepto, una perspectiva que resulta de la personalización de los objetos percibidos, tales como el cuerpo y la mente. Se acompaña de una imagen mental de cómo uno se ve a uno mismo, y es por lo tanto llamada la “auto-imagen.”

Habiendo “personalizado” cosas y habiendo así creado una “auto-imagen,” o perspectiva personal (sakkaya ditthi), uno comienza a comparar estos “objetos personalizados” (upadhi)  con los de otros. En otras palabras, habiendo identificado el propio “sí mismo” de esta manera, uno comienza a compararse con otros “sí mismos” (mana). No solo uno compara el cuerpo o la mente con la de otro, sino que incluso compara el estatus social o económico, el hogar, el automóvil o cualquier otra propiedad personalizada. Comparando así, uno comienza a sentirse inferior (hina mana), superior (seyya mana) o igual (sadisi mana).

Debido a que la propiedad se ha vuelto “mi mismo”, comienzan los problemas. El “complejo de inferioridad”,  “auto-estima” y todos los problemas psicológicos descritos antes son todas propiedades del “sí mismo”. Las experiencias dolorosas o sufrimientos revisados antes, son también propiedades del “sí mismo”.

Como fue mencionado antes, esta “identidad” o “personalidad” es vista por el Buddha simplemente como una perspectiva o punto de vista, ya que hay otras formas de ver la experiencia. Esta “perspectiva personal” (sakkaya ditthi) era vista por el Buddha como patológica y no-saludable, productora de dolor y sufrimiento para uno mismo y los demás. Esta “perspectiva de personalidad” es responsable de la “crisis de identidad” descrita por Erik Erikson. Esta “crisis de identidad” es lo que el Buddha llamó “incertidumbre” (vicikiccha), que es la inhabilidad de decidir con qué uno ha de identificarse. “Incertidumbres” como “¿Quién soy ahora?” “¿Quién era en el pasado?” y “¿Qué seré en el futuro?” pueden surgir solo si uno tiene un “sí mismo”. Esta “incertidumbre” es además la inhabilidad de decidir entre tomar parte por nuestros impulsos emocionales (asava) y volvernos buscadores de placer (kamasukhallikanuyoga), o tomar parte por nuestra conciencia moral (hiri ottappa) y volvernos ascetas (attakilamatanuyoga). Pero el ascetismo no es mejor que la búsqueda de placer; el Buddha vio esto meramente como votos de auto-negación represiva  (silabbata-paramasa). La persona que es libre de la “perspectiva de la personalidad” es libre de la incertidumbre y los votos de auto-negación.

La solución que ofrece el Buddha es simple. Es atacar el problema en su raíz: renunciar a la personalización y la medición. En otras palabras, debemos despersonalizar lo que ha sido personalizado. Esto es algo que la gente generalmente se resiste a hacer. Odian perder su “sí mismo” por muy poco placentero que sea. Sienten que perder el “sí mismo”, es perder su mismísimo “ser” o “existencia”. No se dan cuenta que su “sí mismo”, “ser”, “existencia”, o “identidad” es sólo un concepto patológico, que han adquirido por medio de la personalización de objetos de percepción. Debido a que generalmente no conocemos personas que hayan perdido el “sí mismo”, pensamos que es anormal no tener “sí mismo”. La pérdida del “sí mismo” no convierte a la persona en una “cosa” como un robot. Simplemente convierte a una persona egoísta, asustada, defensiva, e infeliz en una no-egoísta, sin miedos, no-defensiva y feliz. Lleva una persona centrada en el sí mismo a interesarse por el bien de los demás: ver que el dolor de otros es tan importante como su propio dolor. Él/Ella no hace distinción entre él/ella y otros.

En Buddhismo, esta pérdida del “sí mismo”, sin embargo, es considerada como algo supernormal (ariya). Ya que esta pérdida del sí mismo no es un estado humano normal, es llamado también estado superhumano (uttarimanussa). Esta pérdida del “sí mismo” no es solo un concepto peculiar al Buddhismo. Es sañalado por Jesús en los Evangelios Cristianos: “Aquel que pierde su vida por mí lo encontrará” (Mat. 10:39). Se encuentra también en el Hinduismo como una pérdida del “ser individual” que se fusiona con el “Ser Universal” llamado Brahma.

Debido a que las personas prefieren aferrarse a la “perspectiva de personalidad” en vez de dejarla ir, continúan sufriendo de desórdenes de personalidad. Los pocos individuos que aprenden a “dejarla ir” obtienen libertad del sufrimiento. Aunque dejar ir el “sí mismo” suena como algo imposible o a lo más, algo difícil de hacer, puede hacerse. Fue hecho por el Buddha y todos sus discípulos iluminados. Es a lo que todos los Buddhistas apuntan en su práctica. Involucra un sacrificio de lo que uno aprecia más, el sentido de “ser”.

Las personas que sienten su “sí mismo” aplastado o rechazado son personas que se resisten más a dejar ir, se aferran a su “sí mismo” y son muy defensivos. Aún así su libertad está sólo en dejar ir este falso “sí mismo”. Este “sí mismo” debe verse como un peso que estamos cargando todo el tiempo. La libertad se encuentra en dejar ir ese peso.

El Buddha no solo vio que este “sí mismo” debe ser removido de nuestros pensamientos, sentimientos y comportamiento, además descubrió una técnica para hacerlo. Esta técnica es lo que enseñamos como el Camino Supernormal Óctuple  (ariya attangika magga). Los constituyentes de este Camino son:

1. Perspectiva Armoniosa (samma ditthi)
2. Orientación Armoniosa (samma sankappa)
3. Habla Armoniosa (samma vaca)
4. Acción Armoniosa (samma kammanta)
5. Vida Armoniosa (samma ajiva)
6. Práctica Armoniosa (samma vayama)
7. Atención Armoniosa (samma sati), y
8. Equilibrio Armonioso (samma samadhi)

Esta técnica comienza con Perspectiva Armoniosa — ver nuestra experiencia en términos de la naturaleza triple de la existencia (Anicca – Dukkha – Anatta):

1. Todo constructo (cosas personalizadas) es inestable porque depende de condiciones.
2. Todo constructo personalizado es doloroso debido a que es inestable.
3  Toda experiencia es impersonal porque todos los constructos personalizados son dolorosos y lo que es doloroso no es deseado, y por lo tanto no está bajo el control de uno. Lo que no está bajo el control de uno no puede ser considerado “mío” o “mí mismo”. Todas las cosas no personalizadas son igualmente impersonales.

Pensando de esta manera, uno  despersonaliza lo que ha sido personalizado. Esta despersonalización del pensamiento debe penetrar en las sensaciones, habla, y acción — toda la vida. Esto puede ocurrir solo por la práctica constante o repetición de esta forma de pensar. Esto significa poner atención constante a los pensamientos, sensaciones, habla, acción, y vida. Cuando se hace esto, uno recupera el equilibrio perdido.

Hemos perdido nuestro equilibrio debido a este personalizar. Nuestra mente es sacudida  por la insatisfacción; una vez que hemos despersonalizado, nuestra mente ya no es sacudida por lo que le ocurre a los fenómenos impersonales: recuperamos el equilibrio. Esta identidad o “sí mismo” es de hecho una tragedia porque conlleva todas las miserias de la vida. Podemos convertir nuestra vida en una comedia al obtener la libertad de este “sí mismo”. Esto hace al Buddhismo una forma de pensamiento muy optimista, aunque algunos escritores lo han llamado erróneamente pesimista.

La libertad del “sí mismo” no es la muerte; por el contrario, es la libertad de la muerte. Cuando no hay “sí mismo”, ¿quién va a morir? Obviamente, esta pérdida del “sí mismo” es la única vía a la felicidad perfecta, por temible que parezca.

Esta remoción del “sí mismo” puede también verse como una deflación del “ego”  de una persona. Este procedimiento Buddhista es entonces una deflación llevada a su fin último. Es por eso que el Buddha puede ser visto como el “Terapeuta Radical”. El Buddhismo es psicoterapia llevada a su fin último. Es la terapia radical. Esta  forma de terapia no convierte simplemente a la gente anormal en normal; convierte además a la gente normal en supernormal.

 

 

 

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