El Propósito de la Meditación Buddhista

El Propósito de la Meditación Buddhista

Venerable Punnaji

La meditación budista se dirige hacia un solo propósito: es la solución del problema de la existencia. Es por esto que ha sido llamada la  “eka-ayana magga”; que significa, la vía que lleva a un destino único.

Los occidentales comienzan a aprender meditación buddhista con varios propósitos. Algunos quieren detener el pensamiento y descansar la mente. Otros quieren entenderse a sí mismos. Aún otros quieren escapar a una realidad distinta. Otros pocos quieren ganar poderes príquicos o entrar en un trance dichoso.

Hay muchas técnicas de meditación en el mercado occidental hoy en día. Todas son importadas directamente o indirectamente del Este. Todas claman satisfacer estas necesidades variadas de los Occidentales de una forma u otra. Pero no parecen ayudar a resolver el problema básico de  la existencia. Todas tratan de aliviar los síntomas de la enfermedad, pero no lidian con la causa.

Más de veinticinco siglos atrás, Gotama el Buddha descubrió el problema de la existencia y su solución y la reveló al mundo. Solo unos pocos lo escucharon y probaron este método. Solo unos pocos se beneficiaron con este descubrimiento. Más tarde, su descubrimiento comenzó a ser adorado como religión y por lo tanto también se convirtió en algo para aliviar al sufriente en vez de curarlo.

El problema de la existencia fue descrito por el Buddha como el conflicto entre los deseos y la realidad. “Yampi iccam na labhati tampi dukkham” dijo el Buddha; que significa, “la inhabilidad de gratificar los deseos es el sufrimiento.” Este es nuestro problema. La realidad frustra nuestros deseos. Nuestro deseo es por la permanencia del placer y satisfacción inmediata. Pero la realidad es que el placer es impermanente y la satisfacción es solo una esperanza futura. Aún si hay gratificación, ésta es solo temporal.

Aquellos que ofrecen tratamientos paliativos a este padecimiento, ofrecen un aliviante que pone a las personas a dormir y entrar en un mundo de sueños en que se cumplen los deseos. Ofrecen un mundo supernatural donde hay placer permanente y vida eterna. También ofrecen poder supernatural que puede cambiar las circunstancias naturales o reales para que encajen con nuestros deseos. Las personas hallan tanta satisfacción en este aliviante que tenazmente se aferran a él y se resisten a dejarlo cuando se les indica que es solo un aliviante. Este escape a un mundo de deseos irreal está basado en la filosofía de la ostra, que cuando está asustada esconde su pequeña cabeza en un hoyo e imagina que está libre del peligro, mientras su gran cuerpo sigue expuesto al ataque de enemigos.

El Buddha ofrece una solución realista a este problema. Si los deseos están en conflicto con la realidad, simplemente significa que los deseos son irrealistas. Si los deseos son irrealistas, lo único saludable por hacer es renunciar a estos deseos irrealistas. Pero, desafortunadamente, a nadie le agrada hacer esto. Piensan que es humano tener ese deseo irrealista y por lo tanto es imposible renunciar a ellos. Prefieren sufrir debido a los  deseos no cumplidos o escapar a un mundo irreal de fantasías.

Si uno viniese a  aprender meditación buddhista con esta actitud mental escapista, queriendo alejarse de la realidad, estaría completamente decepcionado; porque, la meditación buddhista tiene solo un propósito, el de resolver el problema de la vida removiendo su causa que es el deseo irrealista. La meditación Buddhista es un esfuerzo por deshacerse de los impulsos emocionales irrealistas centrados en el sí mismo, y entrar en una vida de comportamiento racional calmado. Debido a que  todo en-si-mism-amiento ha desaparecido en este tipo de vida, es además una vida no-en-sí-mism-ada de amabilidad y compasión. Dicha vida es además una vida feliz, libre de frustración.

En vez de tomar refugio en un mundo irrealista de deseos, el buddhista toma refugio en la realidad revelada por el Buddha. Al hacer esto comienza a disciplinar sus impulsos emocionales a través de la técnica del Buddha, que es realmente una técnica de crecimiento y evolución gradual de la conciencia humana. Si es que existe alguna fe en un buddhista, esa es la fe de que el ser humano puede superar su naturaleza emocional anómala y puede convertirse en completamente humano. Dado que este estado completamente humano no es un estado humano normal o  común, se le llama estado “supernormal” o “superhumano”  (uttari manussa dhamma).

La meditación buddhista comienza con una comprensión del problema de la existencia y su solución. Esto lleva a la práctica de la imparcialidad o la eliminación de impulsos emocionales. La eliminación de impulsos centrados en el sí mismo resulta en compasión, que es el interés desinteresado por el bien de todos los seres vivientes. Este desinterés lo libera a uno de toda infelicidad y por ende se comienza a experimentar felicidad desprendida. Esta felicidad desprendida no es un estado de excitación emocional y por lo tanto es un estado de perfecta tranquilidad mental. Cuando la mente está tranquila, es capaz de ver las cosas como son, lo que quiere decir que puede hacerse conciente de la realidad y del problema de la existencia con más claridad que antes. Esto lleva a mayor imparcialidad, compasión, felicidad, tranquilidad y entendimiento. Esto sigue así en un círculo benigno hasta que uno está completamente iluminado y despierto del mundo de sueños de los deseos.

El mundo de sueños es un mundo de  “existencia” donde uno experimenta un “sí mismo” en un “mundo” que existe en el tiempo y el espacio. Aquellos que no desean experimentar un “mundo” o “sí mismo” que se derrumba con el paso del tiempo, experimentan un protector supernatural y un “sí mismo” y un “mundo” espiritual supernatural, por seguridad. Este mundo de sueños es construido por los propios deseos.

Estos deseos no son deseos inocentes. Crean el “sí mismo” y el “mundo” a través de la personalización. Personalizar es considerar algo como, “mío”. Lo que se considera “mío” luego se convierte en “parte de mí”. La suma total de todo lo que se considera “parte de mí” luego se convierte en mí. Lo que “no es yo” luego se convierte en el “mundo”. Así el “yo” y el “mundo”, son creados por deseos y también lo son el “mundo supernatural” y el “protector supernatural”.

Normalmente los seres humanos experimentan el “existir” en la forma de un “sí mismo” existente y un “mundo” que están en relación mutua. La persona iluminada experimenta solo la experiencia en forma de ver, escuchar, oler, degustar, tocar, pensar, sentir y actuar. Así es la trascendencia del “existir”. Al trascender el “existir”, se trasciende el nacimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte. Esta es la meta de la meditación buddhista. Este estado de trascendencia se llama NIBBANA.

El que entra a la práctica de la meditación buddhista ha de saber hacia donde se dirige. Esta práctica de meditación apunta a una transformación interna. Es la transformación de un individuo asustado, sufriente, centrado en el sí mismo, en uno compasivo, feliz, calmado y racional. Si uno siente que esta práctica lo alejará de su religión ancestral y sus dogmas, uno no debiese entrar en ella. Esta práctica no da en el gusto a ningún dogmatismo religioso. Es para aquellos que están en búsqueda de la verdad y la solución de el problema de la vida. Uno no acepta ciegamente ningún dogma religioso a través de esta práctica. Uno comienza a descubrir la verdad por sí mismo usando la propia razón y juicio a través de un proceso de calmada examinación de la propia experiencia.

Aquel que entra en la práctica debe estar preparado para establecer un compromiso; sin embargo, es un compromiso a vivir la realidad del Buddha al menos durante el período de meditación y a no dejarse llevar por impulsos emocionales. Este compromiso se establece al tomar una posición de humildad frente al Buddha, su enseñanza y los seguidores representados  por la orden de monjes y el profesor. Esto facilita el seguir las instrucciones y reglas de disciplina.

 

 

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