Dos Caras del Dhamma

Dos Caras del Dhamma

Bhikkhu Bodhi

Traducido por Patricia Burckle
Boletín de la Buddhist Publication Society No. 2 (Otoño de 1985)

El buddhismo, en su primer encuentro, se nos presenta como una paradoja. Parece, intelectualmente, una delicia para los libres pensadores: sobrio, realista, sin dogmas, casi científico en su perspectiva y método. Pero si entramos en contacto internamente con el Dhamma viviente, pronto descubrimos que tiene otro aspecto que parece ser la antítesis de todas nuestras presuposiciones racionalistas. Aun no nos encontramos con creencias rígidas o especulaciones al azar, pero sí encontramos ideales religiosos de renuncia, contemplación y devoción; un cuerpo de doctrinas que trata con asuntos que trascienden la percepción sensible y el pensamiento; y – quizás lo más desconcertante – un programa de entrenamiento en el cual la fe figura como una virtud cardinal y la duda como obstáculo, barrera y cadena.

Cuando tratamos de definir nuestra relación con el Dhamma, al fin nos encontraremos retados a darle sentido a las dos caras aparentemente irreconciliables: la cara empírica vuelta al mundo, diciéndonos que investiguemos y verifiquemos las cosas nosotros mismos; y la cara religiosa vuelta al más allá, aconsejándonos que disipemos dudas y pongamos nuestra confianza en el Maestro y sus Enseñanzas.

Una manera en que podemos resolver este dilema es aceptando solamente como auténtica una cara del Dhamma y rechazando la otra como falsa o superflua. Así, con la piedad tradicional buddhista, podemos acoger el lado religioso de fe y devoción, pero mantenernos tímidamente alejados de la dura visión del mundo y la tarea de investigación crítica; o con apologías del buddhismo moderno, podemos ponderar el empirismo y la semejanza científica del Dhamma, pero tropezaremos embarazosamente con el lado religioso. Sin embargo, la reflexión sobre lo que requiere verdaderamente la espiritualidad buddhista, hace claro que ambas caras del Dhamma son igualmente auténticas y deben tomarse en cuenta. Si fallamos en hacerlo así, no solamente arriesgamos el adoptar una visión desequilibrada, sino que nuestro compromiso con el Dhamma, seguramente, se verá afectado por actitudes parcializadas y conflictivas.

Sin embargo, permanece el problema de armonizar las dos caras del Dhamma sin caer en contradicción. Es nuestra sugerencia que la clave para lograr esta reconciliación, y así asegurar la consistencia interna de nuestra propia perspectiva y práctica, descansa en la consideración de dos aspectos fundamentales: primero, la guía y propósito del Dhamma; y segundo, la estrategia que emplea para lograr este propósito. El propósito es alcanzar la liberación del sufrimiento. La meta del Dhamma no es darnos información fáctica acerca del mundo y, a pesar de su compatibilidad con la ciencia, sus metas e intereses son necesariamente diferentes de aquella. El Dhamma es, primero y esencialmente, un sendero de emancipación espiritual, liberación de la rueda de repetidos nacimientos, muertes y sufrimientos. Ofrecido a nosotros como un medio irremplazable de liberación, el Dhamma no busca meras aprobaciones intelectuales, sino que exige una respuesta que está destinada a ser enteramente religiosa. Nos remite a los fundamentos de nuestro ser y ahí, cuando está en juego la meta final de nuestra existencia, despierta la fe, devoción y el compromiso idóneo.

Pero, para el buddhismo la fe y la devoción son solamente estímulos que nos impulsan a entrar y perseverar en el sendero; y por sí solas no pueden asegurar la liberación. El Buddha enseña que la causa primordial de las ataduras y el sufrimiento es la ignorancia sobre la verdadera naturaleza de la existencia. Por consiguiente, en la ‘estrategia’ buddhista de liberación la sabiduría debe ser el instrumento principal, la visión de las cosas como verdaderamente son. La investigación y el cuestionamiento crítico, frío y sin compromiso, constituyen el primer paso hacia la sabiduría, permitiéndonos resolver nuestras dudas y entender las verdades de las que depende nuestra liberación. Pero la duda y el cuestionamiento no pueden continuar indefinidamente. Una vez que decidimos que el Dhamma va a ser nuestro vehículo hacia la libertad espiritual, debemos embarcarnos en él, dejar atrás nuestras vacilaciones y entrar en el curso de entrenamiento que nos guiará de la fe a la visión liberadora.

Para aquellos que se acercan al Dhamma en busca de gratificación intelectual o emocional, éste, inevitablemente, le mostrará dos caras, y una siempre será un enigma. Pero si estamos preparados a acercarnos al Dhamma en sus propios términos, como el método de alejarnos del sufrimiento, de ninguna manera habrán dos caras. En vez de eso, veremos lo que estaba ahí desde el principio: la única cara del Dhamma, la cual, como cualquier otra cara, presenta dos lados complementarios.

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