La Nobleza de las Verdades

La Nobleza de las Verdades

 Bhikkhu Bodhi

 Traducción española por el Rev. Tesshin

La formulación más común y ampliamente conocida de las enseñanzas del Buddha es la que él mismo anunció en el Primer Sermón en Benares, la fórmula de las Cuatro Nobles Verdades. El Buddha declara que estas verdades transmiten en resumen toda la información esencial que necesitamos para emprender el camino a la liberación. Él dice que así como la huella del elefante, por su gran tamaño, contiene las huellas de todos los otros animales, las Cuatro Nobles Verdades, a causa de su vastedad, contienen dentro de sí mismas todas las enseñanzas saludables y benéficas. Sin embargo, mientras muchos expositores de buddhismo han dedicado su atención a explicar el contenido real de las cuatro verdades, raramente se ha considerado la razón por la qué se las designan “nobles”. Sin embargo, es simplemente esta palabra descriptiva “noble” la que nos revela porque el Buddha eligió poner su enseñanza en este formato específico, y es este mismo término el que nos permite experimentar, aún desde lejos, el sabor único que satura la disciplina y doctrina entera del Iluminado.

La palabra “noble,” o ariya, es usada por el Buddha para designar un cierto tipo de persona y el propósito de su enseñanza es crear este tipo de persona. En los discursos el Buddha clasifica a los seres humanos en dos categorías generales. En un lado están los puthujjanas, las personas mundanas, ésas pertenecen a la multitud, cuyos ojos están cubiertos todavía con el polvo de las impurezas y la ignorancia. En el otro lado están los ariyas, los nobles, la elite espiritual, quienes obtienen esta condición de noble, no por el nacimiento, estado social o autoridad eclesiástica sino por la nobleza del carácter interior.

Estos dos tipos generales no están separados el uno del otro por un abismo infranqueable, cada tipo confinado a un compartimiento herméticamente sellado. Se puede discernir una serie de graduaciones subiendo desde el nivel más oscuro de las ciegas personas mundanas atrapadas en la mazmorra del egoísmo y la auto-afirmación, hasta la etapa de las personas mundanas virtuosas en quienes las semillas de la sabiduría comienzan a brotar, y más lejos las etapas intermedias de los discípulos nobles hasta el individuo perfecto en el ápice de la escala entera del desarrollo humano. Éste es el Arahant, el liberado, quien ha absorbido la visión purificadora de la verdad tan profundamente que todas sus impurezas mentales se han extinguido, y con ellas, toda la vulnerabilidad para sufrir.

Aunque el camino desde el cautiverio a la liberación, desde la mundanidad a la nobleza espiritual, es un camino gradual que involucra una práctica gradual y progreso gradual, no es un continuo uniforme. El progreso ocurre en pasos discretos, y en cierta etapa, precisamente la etapa que separa la condición de una persona mundana de la de una noble, se encuentra una grieta que debe cruzarse, no dando simplemente un paso adelante, sino brincando, saltando desde este lado hasta la otra orilla. Este suceso decisivo en el desarrollo interior del practicante, este salto radical que propulsa al discípulo desde la esfera y el linaje de lo mundano a la esfera y el linaje de la nobleza, ocurre precisamente mediante la penetración de las Cuatro Nobles Verdades. Esto nos revela la razón fundamental por lo qué las cuatro verdades reveladas por el Buddha se denominan verdades nobles. Ellas son nobles verdades porque cuando las hemos penetrado hasta el núcleo, cuando hemos comprendidos su verdadero significado y sus implicaciones, lanzamos fuera la condición mundana y adquirimos la condición de noble, nos excluimos de la muchedumbre anónima y entramos en la comunidad de los discípulos del Sublime, unidos por una visión única e inconmovible.

Antes de penetrar en las verdades, por muy bien dotados que estemos con virtudes espirituales, todavía no estamos en terreno seguro. No somos inmunes a la regresión, no tenemos asegurada de la liberación, no somos invencibles en nuestro afán en el camino. Las virtudes de una persona mundana son virtudes tenues. Ellas pueden crecer o pueden menguar, pueden florecer o declinar, y de acuerdo con su grado de fortaleza podemos subir o caer en nuestro movimiento a través del ciclo de la existencia. Cuando nuestras virtudes son plenas podemos subir hacia arriba y morar en la dicha entre los dioses; cuando nuestras virtudes declinan o nuestro mérito se agota podemos hundirnos nuevamente en las profundidades miserables.

Pero con la penetración de las verdades saltamos el golfo que nos separa de las filas de los nobles. El ojo del Dhamma ha sido abierto, la visión de la verdad se sostiene revelada, y aunque la victoria decisiva todavía no ha sido ganada, el camino a la meta final yace a nuestros pies y la seguridad suprema de no caer en el cautiverio revolotea sobre el horizonte. Uno que ha comprendido las verdades ha cambiado de linaje, ha cruzado desde el dominio de lo mundano al dominio del noble. Tal discípulo es incapaz de regresar a las filas de la gente mundana, incapaz de perder la visión de la verdad que ha destellado ante su ojo interior. El progreso hacia la meta final, la erradicación completa de la ignorancia y el deseo, puede ser lento o rápido; puede ocurrir fácilmente o resultar en una batalla difícil. No obstante el tiempo que esto pueda tomar, no obstante el grado de facilidad con que uno pueda avanzar, hay una cosa segura: tal discípulo quien ha visto con claridad inmaculada las Cuatro Nobles Verdades nunca se puede deslizar hacia atrás, nunca puede perder la condición de noble, y va a alcanzar el fruto final del Arahant en un máximo de siete vidas.

La razón por la qué la penetración de las Cuatro Nobles Verdades puede conferir esta nobleza de espíritu inmutable, está implícita en las cuatro tareas que las nobles verdades nos imponen. Tomando estas tareas como nuestro reto en la vida, -nuestro reto como seguidores del Iluminado-, desde cualquier etapa de desarrollo en la que nos encontremos en principio, podemos avanzar gradualmente hacia la penetración infalible de los nobles.

La primera noble verdad, la verdad del sufrimiento, debe ser totalmente comprendida: la tarea que se nos asigna es la comprensión completa. El sello distintivo de los nobles es que ellos no fluyen irreflexivamente con el río de la vida, sino que se esfuerzan por comprender la existencia desde adentro, tan honesta y completamente como sea posible. Para nosotros, también, es necesario reflexionar sobre la naturaleza de nuestra vida. Debemos intentar comprender el significado profundo de la existencia, limitada por un lado por el nacimiento y por el otro por la muerte, y sometida entre estos dos puntos a todo tipo de sufrimientos descriptos por el Buddha en sus discursos.

La segunda noble verdad, el origen o causa del sufrimiento, implica la tarea del abandono. Un noble es tal porque ha iniciado el proceso de eliminar las impurezas mentales que causan el sufrimiento, y nosotros también, si aspiramos alcanzar el nivel de los nobles, debemos estar dispuestos a resistir el señuelo seductor de las impurezas mentales. Mientras que la erradicación del deseo puede ocurrir únicamente con las realizaciones supramundanas, aun en el curso de la vida cotidiana mundana podemos aprender a frenar las manifestaciones más burdas de las impurezas, y por medio de la aguda auto-observación podemos desatar gradualmente su garra de nuestros corazones.

La tercera noble verdad, la cesación del sufrimiento, implica la tarea de la realización. Aunque el Nibbana, la extinción del sufrimiento, puede únicamente ser confirmado personalmente por los nobles, la confianza que ponemos en el Dhamma, como nuestra guía en la vida, nos muestra lo qué debemos seleccionar como la aspiración final, como la base definitiva del valor. Una vez que hemos comprendido el hecho de que todas las cosas condicionadas en el mundo, siendo insubstanciales e impermanentes, nunca podrán darnos satisfacción total, podemos dirigir entonces nuestra aspiración al elemento incondicionado, el Nibbana, lo Inmortal, y hacer de esa aspiración el pilar alrededor del cual ordenamos nuestras elecciones y asuntos cotidianos.

Finalmente, la Cuarta Noble Verdad, el Noble Óctuple Camino, nos asigna la tarea de desarrollo. Los nobles han alcanzado su condición por haber desarrollado el camino óctuple, y mientras sólo los nobles están asegurados que nunca se desviarán del camino, las enseñanzas de Buddha nos dan las instrucciones minuciosas que necesitamos para seguir el camino que culmina en el plano de los nobles. Éste es el camino que da luz a la visión, que da luz al conocimiento, que conduce a la comprensión más alta, a la Iluminación y al Nibbana, la realización culminante de la nobleza.

Anuncios