Los Cuatro Ejercicios Correctos

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C. Los Cuatro Ejercicios Correctos

(pasajes §§49-62)

Las cuatro actividades incluidas en este conjunto muestran cómo puede ser aplicado el esfuerzo a desarrollar cualidades hábiles en la mente. La fórmula básica es como sigue:

Está el caso en que un monje genera deseo, intenta, despierta persistencia, sostiene & ejerce su intención:

  • Por el no-surgimiento de cualidades inhábiles nocivas que aún no han surgido…
  • Por el abandono de cualidades inhábiles nocivas que ya han surgido…
  • Por el surgimiento de cualidades hábiles que aún no han surgido… (y)
  • Por la mantención, no-confusión, incremento, plenitud, desarrollo & culminación de cualidades hábiles que han surgido.

Estos cuatro aspectos del esfuerzo son también denominados custodiar, abandonar, desarrollar, y mantener [§50]. Los cuatro juegan un rol necesario en llevar la mente al Despertar, aunque en algunos casos son simplemente cuatro lados de un solo proceso. El abandono de cualidades mentales inhábiles puede ser frecuentemente logrado simplemente enfocándose en el desarrollo de las hábiles, tales como la atención. El mismo principio puede también actuar a la inversa: en la erradicación hábil de cualidades inhábiles, la habilidad de la erradicación es en y por sí misma el desarrollo de la sabiduría atenta. Como veremos cuando veamos los siete factores para el Despertar [II/G], el acto de nutrir a un factor para el Despertar puede simultáneamente en algunos casos privar de alimento a un impedimento, mientras que la privación conciente del alimento de un impedimento puede fomentar a un factor para el Despertar. En últimas, sin embargo, el ejercicio correcto requiere más que simplemente abstenerse de lo que es inhábil, pues debe aplicar los factores básicos de la habilidad — atención y sabiduría — para obtener una comprensión de cómo incluso la habilidad debe ser trascendida [§61].

Quizás el elemento más sorprendente en el ejercicio correcto es el rol que juega el deseo, que se asocia usualmente al ansia que actúa como causa de sufrimiento. Trataremos este tema en más detalle en las bases para el poder [II/D], y simplemente señalaremos aquí que el Buddha reconoció que el deseo puede ser hábil o inhábil, y que él libremente admitió que el deseo hábil es un factor necesario en el camino al fin del sufrimiento y estrés.

El punto más importante al desarrollar el ejercicio correcto es darse cuenta de que el esfuerzo por abandonar cualidades inhábiles y desarrollar cualidades hábiles debe ser hábil en sí mismo. Los esfuerzos inhábiles en erradicar estados inhábiles, aunque sean bien intencionados pueden a menudo exacerbar los problemas en vez de resolverlos. Tratar la aversión con aversión, por ejemplo, es menos efectivo que tratarla con el tipo de comprensión desarrollada en la segunda etapa de la meditación de los marcos-de-referencia [II/B], que ve las causas y efectos, y aprende a manipular las causas apropiadamente de manera de obtener los efectos deseados.

Por esta razón, la fórmula básica para el ejercicio correcto incluye, tanto implícitamente como explícitamente, otros factores del camino para asegurarse de que el esfuerzo es aplicado hábilmente. Tres de las cualidades que activan la mente en estos ejercicios — deseo, persistencia, e intención — son también miembros de las bases del poder [II/D], donde funcionan como factores dominantes en el logro del reposo mental. La habilidad de discriminar entre cualidades hábiles e inhábiles, implícita en todos estos ejercicios, requiere un cierto nivel de atención y sabiduría. Las cualidades hábiles que se mencionan más prominentemente como dignas de desarrollar son los siete factores para el Despertar, que incluye a la atención, el análisis de cualidades mentales, y a los factores de jhana, todos los cuales deben ser reinvertidos en este proceso de ejercicio correcto para llevarlo a niveles superiores de sutileza.

El pasaje §51 da una idea del rango de aplicación del ejercicio correcto enumerando siete maneras en que las cualidades inhábiles pueden ser abandonadas: viendo, comediendo, usando, tolerando, evitando, destruyendo, y desarrollando. El pasaje es deliberadamente vago en cuanto a qué tipos de cualidades inhábiles responden a qué tipo de tratamiento, pues este es un punto que cada meditador debe descubrir en la práctica por sí mismo. Este énfasis en la exploración personal es crucial en la práctica del esfuerzo correcto, pues le alienta a uno a ser sensible a lo que puede ser descubierto con la propia atención y sabiduría. El mismo punto aplica al asunto de cuánto esfuerzo debe ser aplicado a la práctica. El Buddha señala que algunos meditadores tendrán que pasar por una práctica dolorosa y lenta, mientras que otros encontrarán que su práctica es dolorosa y rápida, placentera y lenta, o placentera y rápida [§§84-85]. Por lo tanto cada cual debe ajustar el esfuerzo aplicado a la práctica en concordancia. Esta necesidad por distintos niveles de esfuerzo depende no solo del individuo, sino también de la situación. En algunos casos, simplemente observar una cualidad inhábil con ecuanimidad será suficiente para que se vaya; en otros casos, uno debe ejercer un esfuerzo conciente para deshacerse de ella [§§58-59].

Mediante la observación, entonces, uno se dará cuenta de que el esfuerzo hábil no tiene cabida para enfoques doctrinarios. Los extremos polares del ejercicio constante hasta el punto del cansancio y su opuesto, un temor automático a “esforzarse,” son ambos equivocados aquí, como lo es la aparente vía “media” de la moderación en todas las cosas. El verdadero camino medio significa afinar los esfuerzos respecto a las propias habilidades y a la labor a realizar [§86]. En algunos casos, esto conlleva un esfuerzo total, en otros, simple observación. La habilidad para sentir qué tipo y qué nivel de esfuerzo es apropiado en cualquier situación dada es un elemento importante para desarrollar los requerimientos básicos para la habilidad — atención y sabiduría — poniéndolos en uso.

Hemos señalado ya que el ejercicio correcto es equivalente al factor de fervor en la meditación de los marcos-de-referencia [II/B]. En la primera etapa de esa práctica, el ejercicio correcto funciona manteniendo la mente en su marco de referencia y protegiéndola de cualidades mentales inhábiles que pudiesen hacerla abandonar ese marco. En la segunda etapa, la función del ejercicio se torna más refinada: proteger de la tendencia a involucrarse en “qué” está surgiendo y pasando, y mantener la mente aplicada a su labor de manipular, observar, y adquirir maestría sobre el proceso de originamiento y pasar a medida que uno conduce a la mente a la tranquilidad del jhana.
En la tercera etapa, la función del ejercicio se vuelve aún más fina, a medida que mantiene una conciencia “vacía” o radicalmente fenomenológica básica del marco de referencia para así llevar a la mente al estado de no-creación apropiado para el proceso de Despertar. La estabilidad de este estado — más allá de las categorías de esfuerzo o no-esfuerzo — explica la paradoja expresada en §62, que señala que la mente cruza la corriente del renacimiento mediante ni “empujar” ni “quedarse en el lugar,” una estabilidad que encarna la máxima habilidad del ejercicio correcto en llevar a la mente a un punto más allá de la habilidad.

Implícito en esta discusión del esfuerzo involucrado en adquirir maestría sobre la habilidad al punto de su propia trascendencia está el hecho de que la meta de la práctica no es un esfuerzo por volver a un supuesto estado puro de conciencia infantil previa a los condicionamientos sociales. El pasaje §61 hace explícito este punto. De acuerdo al análisis Buddhista, el estado de la mente de un infante es uno, no de pureza, sino de ignorancia repleta del potencial para múltiples cualidades inhábiles. Estas cualidades se muestran en modos aparentemente inocentes simplemente porque los poderes intelectuales y físicos del infante son débiles. Una vez que esos poderes son fortalecidos, los potenciales de la mente se vuelven manifiestos. Como ha declarado un maestro moderno, la mente infantil es la fuente para la ronda de renacimientos. Si fuese realmente pura y totalmente conciente, no sería susceptible al condicionamiento social inhábil. De esta manera la pureza yace, no en renunciar a los poderes intelectuales desarrollados, sino en desarrollar esos poderes a niveles más elevados de maestría y habilidad. Esto explica por qué el ejercicio correcto es una parte necesaria de la práctica.