Introducción

I N T R O D U C C I Ó N

Habilidad en las Preguntas

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Cuando leemos la descripción de la última noche del Buddha, es fácil intuir la importancia de su enseñanza final antes de entrar al nibbana total: “Ahora, entonces, monjes, los exhorto: Toda fabricación está sujeta a decadencia. Lleguen a la plenitud siendo diligentes.” Estas palabras llaman la atención en sí mismas porque fueron las últimas que dijo.

Esa quizás es la razón por la que es tan fácil pasar por alto la importancia de lo que hizo el Buddha justo antes de decirlas. En un gesto extremadamente gentil — dado el hecho de que había caminado todo el día, había caído severamente enfermo en el camino, y ahora estaba a punto de morir — ofreció una última oportunidad a sus seguidores para que le hicieran preguntas. Incluso hizo la oferta cuatro veces para mostrar que no era solo un gesto. Quería seriamente despejar toda duda remanente en sus mentes antes de cerrar su boca para siempre.

Luego el Bendito se dirigió a los monjes, “Si incluso un solo monje tiene alguna duda o indecisión respecto al Buddha, Dhamma, o Sangha, el camino o la práctica, que pregunte. Que no se arrepienta después de que ‘El Maestro estaba cara a cara con nosotros, pero no nos dispusimos a contra-preguntarle en su presencia.’” Cuando esto fue dicho, los monjes estuvieron en silencio. Una segunda vez… Una tercera vez, el Bendito dijo, “Si incluso un solo monje tiene alguna duda o indecisión respecto al Buddha, Dhamma, o Sangha, el camino o la práctica, que pregunte. Que no se arrepienta después de que ‘El Maestro estaba cara a cara con nosotros, pero no nos dispusimos a contra-preguntarle en su presencia.’” Una tercera vez, los monjes estuvieron en silencio. Luego el Bendito se dirigió a los monjes, “Ahora, si es por respeto al Maestro que no preguntan, que un amigo le informe a un amigo.” Cuando esto fue dicho, los monjes estuvieron en silencio. Entonces el Ven. Ananda dijo al Bendito, “Es sorprendente, lord. Es impresionante. Estoy confiado en que en esta comunidad de monjes no hay siquiera un solo monje que tenga alguna duda o indecisión respecto al Buddha, Dhamma, o Sangha, el camino o la práctica.” “Tú, Ananda, hablas por confianza, mientras que hay conocimiento en el Tathagata de que en esta comunidad de monjes no hay siquiera un solo monje que tenga alguna duda o indecisión respecto al Buddha, Dhamma, o Sangha, el camino o la práctica. De estos 500 monjes, el menos avanzado es ganador-de-la-corriente, no destinado a planos de privación, dirigido seguro al auto-despertar.” — DN 16

Es posible leer este pasaje simplemente como una fanfarria retórica, indicando cuán especial era la asamblea que se había reunido para presenciar el pasar del Buddha: Solo aquellos que habían tenido su primera degustación de lo inmortal fueron lo suficientemente privilegiados como para estar presentes. Pero el pasaje va más profundo que eso, muestra cómo el Buddha los había llevado a esa degustación. En vez de forzar una aceptación incuestionable de sus enseñanzas, había resuelto las dudas de sus estudiantes estando abierto a sus preguntas. El hecho de que este incidente ocurra justo antes de la última enseñanza es una medición de cuán central era este método en su enseñanza, y de cuán importante era para sus seguidores que armaron el Canon.

Otros discursos enfatizan este punto también. AN 2:46 [§73], por ejemplo, señala que el Buddha entrenó a sus seguidores en contra-preguntar, con el resultado de que, “cuando han adquirido maestría en el Dhamma, se contra-preguntan uno al otro y lo diseccionan: ‘¿Cómo es esto? ¿Cuál es el significado de esto?’ Abren lo que no está abierto, hacen sencillo lo que no es sencillo, despejan dudas en sus varios puntos dudosos.”

El rol central de preguntar en la enseñanza del Buddha puede estar conectado con el hecho de que su enseñanza comienza no con un primer principio sino con un problema manifiesto: cómo poner término al sufrimiento. Y en vez de intentar discutir este problema hasta sus primeros principios, se enfoca en la pregunta inmediata de cómo resolverlo. Como había señalado, el sufrimiento da pie a dos respuestas — desconcierto y una pregunta de búsqueda: “¿Quién conoce una manera o dos de detener este dolor?” Para ayudar a poner término a ese desconcierto, el Buddha presentó sus enseñanzas como respuestas a las múltiples preguntas derivadas de esa pregunta de búsqueda primaria. Las preguntas formaron así el modo principal de organizar lo que enseñó.

Pero aunque el Buddha ordenó sus enseñanzas alrededor de preguntas en vez de primeros principios, no salió a responder toda pregunta controversial que encontrara en su camino. Se enfocó solamente en preguntas estratégicamente relacionadas con el fin del sufrimiento, es decir, preguntas que realmente ayudasen a lograr esa meta. Por esta razón, clasificó las preguntas — que se relacionan con este enfoque — de acuerdo a la estrategia-de-respuesta que merecían, y llegó a cuatro tipos: aquellas que merecían una respuesta categórica, aquellas que merecían una respuesta analítica, aquellas que merecían ser contra-preguntadas antes de ser respondidas, y aquellas que merecían ser hechas a un lado. Esta clasificación cuádruple es el tema de este libro, pues provee de importantes insights acerca de cómo y qué enseñó el Buddha respecto a la vía al fin del sufrimiento.

Para comprender la importancia de esta clasificación, y por qué el Buddha la formuló en esos términos, primero puede ser útil reflexionar en términos generales qué significa preguntar y responder una pregunta basada en un deseo por lograr una meta. Una manera útil de comenzar esa reflexión es con una pregunta que, en el pensamiento Occidental, es declarada primero por el Meno de Platón:

Cuando estás buscando algo pero no sabes bien qué es, ¿cómo sabes que lo has encontrado?

En el Meno, Sócrates usa esta pregunta como el punto de partida para su doctrina de la memoria de vidas pasadas: Sabes lo que quieres porque lo sabías en una vida previa. Pero desde un punto de vista Buddhista, un enfoque más fructífero para esta pregunta es ver la psicología de cómo las personas van estableciendo un problema y resolviéndolo en el aquí y ahora: Sabes que has encontrado el conocimiento que estabas buscando porque el deseo que encendió tu búsqueda ya le había dado una función y una forma. Querías conocimiento que realizaría una función deseada, y querías que hiciese sentido, que se adecuara a lo que había funcionado con problemas similares en el pasado. Cuando has encontrado algo que, una vez puesto a prueba, cumple con ambas especificaciones — la función y el ajuste — sabes que eso es lo que querías. (Irónicamente, incluso Sócrates mismo establecía un problema y probaba las soluciones propuestas precisamente de esta manera.)

Las preguntas dirigidas a determinar el ajuste y la función de tus respuestas operan en tres niveles: El primer nivel apunta a darle a tu ignorancia una forma, definir tu necesidad y por qué la necesidad hace sentido. Los niveles segundo y tercero determinan si la respuesta realmente funciona como quieres, el segundo nivel establece pruebas para revisar el real rendimiento de toda respuesta potencial que parezca ajustarse a esa forma, y el tercero establece estándares para medir si es que una respuesta ha pasado realmente las pruebas.

Al formular una pregunta en el primer nivel, creas el marco de una sentencia y dejas parte del marco en blanco. El rasgo importante del espacio en blanco es que no es un hueco amorfo. Es más bien como la forma de una pieza perdida de un rompecabezas. Solo una pieza que calce con la forma y el patrón del rompecabezas será la adecuada. Si preguntas, “¿Por qué estoy sufriendo?” y te dicen, “42,” no estarás satisfecho con la respuesta, pues no solo es una pieza equivocada del rompecabezas correcto. Es de un rompecabezas equivocado completamente.

La razón por la que necesitamos preguntas para darle forma a nuestra ignorancia es que la forma ayuda a enangostar el rango de respuestas potenciales que necesitaremos probar para ver si cumplen la función que queremos. Es una manera de ahorrar energía y tiempo de manera que nuestros niveles segundo y tercero de preguntas puedan ser aplicados inmediatamente a los candidatos más prometedores. Si resulta que ninguna de las posibilidades sugeridas por la forma de las preguntas del primer nivel pasan al segundo – o al tercero -, podemos entonces darnos vuelta y cuestionar el rompecabezas con el que comenzamos: Tal vez la forma que se sugirió estaba equivocada, y tenemos que encontrar un nuevo rompecabezas o una nueva manera de unir las piezas. Luego experimentamos con una nueva forma, y aplicamos preguntas de segundo y tercer nivel nuevamente. De esta manera, por prueba y error, tenemos la oportunidad de encontrar la respuesta que queremos. Cuando nuestras preguntas están bien formuladas en los tres niveles, nos ayudan a darnos cuenta de la solución a nuestro problema aunque originalmente teníamos solo una vaga noción de cuál sería.

Pero si las preguntas están mal formuladas, pueden fácilmente desviarnos. El enangostamiento original puede enangostarse en el lugar equivocado, enfocando nuestra atención lejos de la respuesta real. Las pruebas que ponemos a nuestras respuestas, y nuestros estándares para juzgar los resultados de esas pruebas, pueden estar equivocados o apuntar muy bajo.

Esto quiere decir que cuando intentas encontrar una respuesta a una pregunta de este tipo, tienes que hacer más que simplemente proveer una pieza que calce en el rompecabezas que has formulado. Tienes que cuestionar la pregunta, recordando que tu respuesta tendrá un impacto, en términos de lo que hará el que pregunta — tú o tu oyente —con ella, o de lo que le hará al que pregunta. Y esto significa que la analogía del rompecabezas, que es esencialmente estática, debe ser reemplazada por una más dinámica: El que pregunta está ensamblando una compleja herramienta o instrumento, como un piano o una máquina, y — al ver que tienes experiencia práctica en lo que él quiere ensamblar — te ha preguntado por una parte perdida y te pide consejo acerca de cómo usar el instrumento completo. En este caso, las preguntas de primer nivel cubrirían la estructura del instrumento; las preguntas de segundo nivel, la manera en que debe ser tocado o usado; y las preguntas de tercer nivel, estándares para determinar si es que está siendo bien tocado o usado. Si quieres dar respuestas responsables en una situación como esta, no puedes simplemente suministrar la parte que falta. Primero debes determinar el deseo tras la solicitud: ¿Acaso el que pregunta realmente quiere la parte, o está tratando de hacerte ver como un tonto? ¿O quiere usar la parte para ensamblar algo más siniestro? Aún si su deseo por la parte es sincero, quieres asegurarte de que está planeando usar el instrumento para un propósito benéfico, que el instrumento es el correcto para el propósito que tiene en mente, y que sabe cómo usar el instrumento de manera que no cause daño inadvertido.
Por ejemplo, supón que eres un ingeniero en construcción, y un amigo cercano — que gusta de hacer las cosas por sí mismo y es totalmente inexperimentado en construcción — ha venido a ti por consejo. Ha descubierto que una barrera de concreto en su patio está actuando de represa después de la lluvia intensa, impidiendo el drenaje, y manteniendo su patio y sótano inundados. Él tiene algo que cree que es una taladradora para romper el concreto y te ha preguntado por una parte que le falta. Tu primer deber es asegurarte de que realmente tiene la intención de usar la taladradora para atacar la barrera, y que en realidad no va a romper una alcantarilla en vez de eso. Luego  revisas para ver que el concreto está realmente causando daño, y que su remoción será beneficiosa: El agua, cuando se le deje fluir, no causará peor daño en otro lado. Y quieres asegurarte de que tu amigo no está ensamblando una mezcladora de cemento para hacer más cemento por error.

Cuando estás seguro de que su propósito es hábil y que realmente tiene una taladradora, revisas después para ver que las partes que ya ha ensamblado han sido unidas correctamente. De otra manera, incluso la mejor parte posible que puedas darle no encajaría, y la taladradora no funcionaría. E incluso entonces, cuando le das la parte faltante, puede que tengas que interrogarlo para asegurarte de que sabe donde ponerla y cómo usar la taladradora una vez que esté completamente ensamblada de manera que no termine dañándose a sí mismo. E idealmente debieses darle la oportunidad para hacer preguntas, pues de otra manera no puedes estar seguro de que entendió lo que dijiste. Si eres realmente responsable, le darás una lista de preguntas que le enseñarán a juzgar si es que está usando su taladradora apropiadamente y con habilidad.

Esto significa que cuando tomas en consideración el impacto del conocimiento que estás ofreciendo, simplemente ser veraz no es suficiente. Tienes también que asegurarte de que tu respuesta será beneficiosa. Si es difícil para tu oyente, debes tener cuidado en presentarla con palabras oportunas: apropiadas para la situación y para el nivel de habilidad y comprensión del oyente.

Este era el enfoque del Buddha respecto a las responsabilidades que tomó al responder preguntas. Su propósito principal al enseñar era ofrecer a sus oyentes algo que estaban buscando — un término total del sufrimiento y estrés — pero sabía que éstos podrían tener solo vagas o derechamente erradas ideas de cómo podría ser ese término o cómo lograrlo. Había aprendido por experiencia que el acto de enmarcar preguntas hábiles jugó un rol esencial en dirigir su propia búsqueda a la liberación, así que su primer paso al ayudar a sus oyentes a superar su ignorancia era mostrarles cómo darle a las preguntas la forma apropiada: cómo enmarcar las preguntas que le dirigían de manera que se dieran cuenta de la verdad y utilidad de sus soluciones cuando las oían. Sin embargo, había aprendido también por experiencia personal la importancia de la auto-examinación-cruzada en poner a prueba los marcos originales que había formulado y las respuestas que había obtenido en el curso de su búsqueda. Por lo tanto también quería enseñar a sus oyentes a enmarcar las preguntas que se dirigían a sí mismos, de manera de tornarse independientes en el Dhamma y aprender a superar su ignorancia por cuenta propia.

En otras palabras, no estaba contento simplemente con ofrecer respuestas a las preguntas de las personas. Quería además mostrarles cómo las preguntas inhábiles pueden ser reconocidas poniéndolas a prueba, y cómo las preguntas hábiles — conducentes al término del sufrimiento — pueden ser enmarcadas y puestas a prueba en reemplazo.

El Buddha era uno de esos raros maestros que comprendían cómo el contenido de su enseñanza ofrecía insights respecto al acto de enseñar, de manera que cómo enseñó estaba moldeado por qué enseñó. En este caso, el cómo estaba moldeado por lo que había aprendido en la noche de su despertar. En la segunda vigilia de la noche, había visto  que la experiencia de placer y dolor de las personas es moldeada por sus actos (kamma), que sus actos son moldeados por sus perspectivas, y que sus perspectivas son moldeadas por su actitud de respeto o irrespeto por aquellos que han realizado y enseñado la verdad.

Este insight le mostró que, como maestro, sería responsable por más que simplemente darles a sus oyentes las perspectivas correctas. Para ser efectivo, también tendría que darles buenas razones para respetarlo a él y aceptar esas perspectivas, además del marco correcto para ponerlas en uso adecuado y para poner a prueba los resultados recibidos. En otras palabras, su enfoque debía ser estratégico. Vio que las palabras no son solo descriptivas sino también performativas: El acto de hablar es un tipo de kamma, y como con todo kamma tiene un efecto. La responsabilidad del hablante es hacer que ese efecto sea tan beneficioso y oportuno como sea posible.

Por esto, al responder preguntas, mantuvo en mente el kamma de enseñar y aprender. Vio que el enseñar y aprender, para ser más efectivos, deben ser esfuerzos cooperativos. Esto quiere decir, como regla fundacional básica, que estaría abierto a preguntas sobre sus enseñanzas, mostrando que era responsable tanto por el deseo de sus oyentes por encontrar un término al sufrimiento como por su deseo de aprender y comprender sus enseñanzas. A la vez, y sin embargo, sería cuidadoso de responder preguntas solo cuando sentía que el que preguntaba era veraz y sinceramente quería poner término al sufrimiento y estrés. Entonces se aseguraba de que la manera de enmarcar las preguntas de esa persona fuese apropiada para la tarea. Si lo era, respondía a las preguntas con respuestas categóricas — absolutas y sin excepciones. Si no lo era, tenía una elección. O bien re-enmarcaba las preguntas, dando respuestas que llamó analíticas, si es que las preguntas eran relevantes al fin del sufrimiento y el marco podía ser ajustado para alinearlo con el camino — la taladradora mal ensamblada — o bien hacía las preguntas a un lado si las encontraba irrelevantes y que el marco era totalmente inapropiado: la mezcladora de cemento cuando una taladradora era una mejor herramienta. Si veía que sus oyentes pudiesen tener problemas en comprender la manera en que enmarcaba sus respuestas, les contra-preguntaba para ayudarlos a recordar y aplicar su conocimiento de otras habilidades para comprender y utilizar las habilidades que estaba enseñando. Cuando estaba siendo especialmente meticuloso, continuaba contra-preguntando ofreciéndoles una lista de verificación de puntos a preguntarse a sí mismos de manera que pudiesen poner sus respuestas al mejor uso y medir por sí mismos cuán bien estaban teniendo éxito.

Estas son aparentemente las consideraciones que yacen tras la decisión del Buddha de clasificar las preguntas de acuerdo a si merecían respuestas categóricas, respuestas analíticas, contra-preguntas, o ser hechas a un lado. Estas cuatro categorías forman el marco para su habilidad en las preguntas — pañha-kosalla — el cual no era simplemente un asunto de ofrecer diestras respuestas a preguntas difíciles, sino también una habilidad a tener siempre en mente, cómo una pregunta individual encaja en la gran búsqueda por la libertad del sufrimiento. Es por esto que el Buddha dijo que la sabiduría y discernimiento de una persona puede ser medida por la manera en que responde a preguntas, pues la sabiduría no está contenta simplemente con respuestas correctas. Es estratégica, pragmática. Quiere que esas respuestas tengan un efecto tan beneficioso como sea posible.

Debido a esta conexión íntima entre lo que el Buddha enseñó y cómo lo enseñó, el cómo no es simplemente un brote del qué. El qué es moldeado también por el cómo. En particular, hay mucho que aprender del contenido de las enseñanzas del Buddha examinando dónde encajan esas enseñanzas en las cuatro estrategias de respuesta, pues las preguntas proveen el marco en el que los términos y estrategias de las enseñanzas encuentran su significado. Esto es particularmente importante en una enseñanza como la del Buddha, que — como hemos señalado — ni comienza ni termina con primeros principios, sino que permanece enfocada en una pregunta que busca solución a un problema. Es por esto que el Buddha vio las preguntas como el medio principal por el cual la mente crea contextos para sus conceptos. Si queremos comprender y usar sus enseñanzas para el propósito que tienen, debemos verlas en términos de preguntas que hay y que no hay que responder. Así que hay mucho que aprender observando esta habilidad de escoger cuáles preguntas responder como están, cuáles re-enmarcar, cuáles contra-preguntar, y cuáles hacer a un lado.

Esta es la motivación tras este libro. Aunque el Buddha enumera los cuatro tipos de pregunta tres veces en los discursos (DN 33, AN 3:68 [§118], y AN 4:42 [§1]), no ilustra las listas con ejemplos de los distintos tipos.

Sin embargo, hay muchas situaciones en las que trae a atención el hecho de que una pregunta en particular merece una estrategia de respuesta particular, que luego ofrece. Así, es posible recopilar estos ejemplos en los discursos para mostrar las distintas estrategias-de-respuesta en acción, y los patrones distintivos que emergen cuando el material es organizado de esta manera.

Por esta razón — luego que los Capítulos Uno y Dos ofrecen una trasfondo teórico y narrativo para el enfoque del Buddha en el responder preguntas — los Capítulos Tres al Ocho proveen lecturas que consisten principalmente en pasajes en los que se usa una estrategia-de-respuesta particular. Digo principalmente porque el Buddha tendía a usar estrategias-de-respuestas particulares para temas particulares, de manera que he aumentado los pasajes en algunos de los capítulos con pasajes adicionales que ayudan a dar vida a estos temas. He hecho esto con dos propósitos en mente: ayudar a dar cuenta más coherente de las lecciones del Dhamma contenidas en las respuestas del Buddha, y ayudar a clarificar el raciocinio tras las estrategias-de-respuesta que había escogido.

Además, cada capítulo es introducido con una discusión que trae a atención algunas de las destacadas lecciones a aprender cuando similares estrategias-de-respuesta son vistas paralelamente. Aunque algunas de estas discusiones son relativamente largas, no fueron hechas para ser exhaustivas. Simplemente proveen unos pocos insights de entrada para quien esté interesado en seguir el material más a fondo. Debido a que el Buddha, al responder preguntas, a menudo está operando en muchos niveles, sentí que sería más útil limitar mis observaciones a lo esencial y ofrecer extensas citas de los textos de manera que el lector pueda observar en acción la habilidad del Buddha con las preguntas por sí mismo o misma.

Sin embargo, ya que es fácil perderse en el gran número de pasajes provistos en estos capítulos, yo recomendaría leer las secciones de discusión de todos los capítulos antes de hurgar las lecturas de cualquiera de los capítulos. De esta manera puedes comenzar con una clara visión general de los puntos principales, que entonces te permitirán seguir los detalles de lo que encuentres interesante sin perder la paciencia.

Notarás — especialmente en las discusiones de los Capítulos Tres, Cinco, y Ocho — que he comparado frecuentemente el enfoque del Buddha en hacer y responder preguntas con el enfoque de Sócrates como está registrado en los diálogos Platónicos. He hecho esto por cuatro razones.

La primera es que algunos comentaristas modernos han afirmado que el Buddha empleó el método Socrático en su enseñanza, y yo sentí que una examinación cuidadosa del enfoque del Buddha en cuanto a los cuatro tipos de pregunta ofrecería una buena oportunidad para poner a prueba exactamente cuán cercana a la verdad es esta aseveración.

La segunda razón, relacionada con la primer, es que algunos han señalado que el Buddha y Sócrates fueron cercanos contemporáneos en la así llamada Era Axial, y que como figuras seminales representantes del espíritu de investigación de esa era compartieron una agenda en común. Un estudio comparativo de cómo manejaron las preguntas es una buena manera de poner a prueba esta aseveración también.

Tercero, al grado en que Sócrates y Platón establecieron la agenda en la vida intelectual Occidental, pensé que comparar el enfoque del Buddha con el diálogo de Sócrates sería un útil punto de partida para comparar el pensamiento del Buddha con el pensamiento Occidental en una manera no limitada a lo superficial o a generalidades odiosas — para ver precisamente dónde su visión de la sabiduría difiere de las suposiciones acerca de la sabiduría que los Occidentales han absorbido, a menudo sin pensarlo, de la historia de su cultura.

Cuarto, yo encuentro que las comparaciones entre el enfoque del Buddha y el de Sócrates ayudan a destacar lo que es verdaderamente distintivo e importante en la manera de enseñar del Buddha. Para esclarecer lo que hacía en su estrategia de enseñanza, es útil tener un claro punto de comparación para mostrar lo que no hacía. Los compiladores del Canon Pali usan este acercamiento para introducir las enseñanzas del Buddha en los discursos que pusieron al comienzo del Dıgha Nikaya y del Majjhima Nikaya (DN 1 & 2, MN 1 & 2), y es especialmente útil aquí para clarificar las razones del Buddha para dividir las preguntas en cuatro tipos.

Hay muchas ventajas en ver las enseñanzas del Buddha desde el punto de vista de estos cuatro tipos de pregunta, pero una de las más importantes es que nos permite ver aquellas enseñanzas en un marco que el Buddha mismo consideró tener importancia suprema. Por ejemplo, cuando comparamos las preguntas a las que el Buddha dio respuestas categóricas con aquellas a las que cuyas respuestas eran más específicas al contexto, podemos ver cuáles de sus enseñanzas, a su parecer, tenían la mayor significancia categórica y universal, y cuáles tenían un rango más limitado y específico. Cuando notamos los temas que enseñó usando estrategias analíticas o de contra-pregunta — las cuales son primordialmente métodos de clarificación — podemos ver cuáles de sus enseñanzas encontraron sus contemporáneos más difíciles de comprender. Esto, a su vez, nos ayuda a ver cuáles de sus enseñanzas eran las más originales en su pensamiento y nuevas para ellos. Y cuando examinamos las preguntas que hizo a un lado, podemos aprender lecciones importantes acerca de cómo son mejor comprendidas y utilizadas sus enseñanzas, ya que estaban claramente hechas para funcionar en el contexto de algunas preguntas pero no de otras.

Esta manera de organizar las enseñanzas del Buddha también lleva la atención al hecho central de que todas sus enseñanzas tienen el propósito estratégico de ayudar a las personas a cambiar sus mentes. Cuando vemos al Buddha responder preguntas, estamos viendo la sabiduría en acción, pues así es como el entendió la sabiduría: como un acto, como una estrategia empática para llevar a plenitud la liberación. Ver sus enseñanzas bajo esta luz ayuda a corregir la tendencia común a considerar la sabiduría Buddhista como una lección de vocabulario, creyendo que si podemos definir los términos, podemos entender cabalmente lo que está diciendo. La verdad es que, los términos son importantes, y las definiciones claras son útiles, pero éstos encuentran su significado real solo cuando son aplicados en el contexto de la estrategia general de preguntas y respuestas del Buddha al enseñar el camino a la liberación.

Aunque nuestro principal foco estará en cómo usó el Buddha las cuatro estrategias-de-respuesta al lidiar con las preguntas de su tiempo, el sentido del libro no es completamente histórico. Como veremos en el Capítulo Dos, el propio camino de práctica del Buddha hacia el despertar fue dirigido por las preguntas que se hizo a sí mismo. Mientras más hábil se volvía en preguntar y responder las preguntas correctas, más cerca estaba de la liberación. Por esta razón, un los Capítulos Cinco y Seis encontraremos que él alentó a sus estudiantes a hacer preguntas — a él y a sí mismos — de exactamente la misma manera. Por lo tanto, para todo aquel interesado en practicar las enseñanzas del Buddha, una dimensión importante al leer este libro residirá en aprender a aplicar sus lecciones para formular las preguntas que te haces a ti mismo en el curso de tu práctica.

A la vez, los Capítulos Cuatro, Cinco, y Ocho muestran las múltiples maneras en las que los oyentes del Buddha malinterpretaron sus enseñanzas tratando de forzar dichas enseñanzas para responder preguntas moldeadas por las nociones preconcebidas de los oyentes — una importante lección objetiva para quienes en el presente podemos no compartir las nociones preconcebidas del tiempo del Buddha, pero que sin embargo aún traemos nociones preconcebidas al Dhamma. Cuando vemos las ventajas que obtuvieron los oyentes del Buddha cuando reprocesó sus preguntas, podemos estar más inclinados a la idea de que nuestras preguntas pueden requerir algo de reprocesamiento también.

Observando entonces al Buddha en acción cuando responde una amplia gama de preguntas que las personas en su tiempo trajeron a su práctica, podemos obtener lecciones sobre cómo ser más hábiles y sabios en las preguntas que traemos a la nuestra.