Jhana No por los Números

Jhana No por los Números

por

Thanissaro Bhikkhu

© 2005–2011

Cuando por primera vez fui a estudiar con mi maestro, Ajaan Fuang, él me pasó un pequeño librillo de instrucciones de meditación y me envió arriba a la colina tras el monasterio a meditar. El librillo — escrito por su maestro, Ajaan Lee — comenzaba con una técnica de meditación con la respiración y concluía con una sección que mostraba cómo la técnica era usada para inducir los primeros cuatro niveles de jhana.

En los años siguientes, vi a Ajaan Fuang pasarle el mismo librillo a cada uno de sus nuevos estudiantes, laicos u ordenados. Pero a pesar de las detalladas descripciones de los jhanas en el librillo, él rara vez mencionó la palabra jhana en sus conversaciones, y nunca indicó a ninguno de sus estudiantes que habían alcanzado un nivel particular de jhana en su práctica. Cuando un estudiante le contaba sobre una experiencia meditativa recurrente, él gustaba de discutir no lo que era, sino qué hacer con ello: en qué enfocarse, qué dejar, qué cambiar, qué mantener igual. Luego le enseñaba al estudiante a experimentar con ello — para hacerla más estable y descansada — y a cómo juzgar los resultados de los experimentos. Si sus estudiantes querían medir su progreso con las descripciones de los jhanas en el librillo, eso era asunto de ellos no de él. Él nunca dijo esto en muchas palabras, pero dada la manera en que enseñaba, el mensaje implícito era claro.

Como lo eran las razones implícitas de su actitud. Él me había contado una vez acerca de sus propias experiencias como joven meditador: “En aquellos días no tenías libros explicándote todo como ahora hacemos. Cuando comencé a estudiar con Ajaan Lee, él me dijo que trajera mi mente abajo. Así que me enfoqué en traerla abajo, abajo, abajo, pero mientras más la traía abajo, más pesado y torpe se ponía. Pensé, ‘Esto no puede estar bien.’ Así que lo di vuelta y me enfoqué en llevarla hacia arriba, arriba, arriba, hasta que encontré un equilibrio y pude descubrir de qué estaba él hablando.” Este incidente fue uno de muchos que le enseñaron algunas lecciones importantes: que tienes que probar las cosas tú mismo, para ver dónde deben tomarse literalmente las instrucciones y dónde deben tomarse figurativamente; que tienes que juzgar por tí mismo cuán bien vas; y que tienes que ser ingenioso, experimentando y tomando riesgos para encontrar maneras de lidiar con los problemas a medida que surgen.

Así que como maestro, él trató de inculcar en sus estudiantes estas cualidades de auto-dependencia, ingenuidad, y una voluntad para tomar riesgos y probar las cosas por sí mismos. Hizo esto no solo hablando de estas cualidades, sino también forzándote a situaciones en que tenías que desarrollarlas. Si siempre hubiese él estado ahí para confirmarte que, “Sí, has llegado al tercer jhana,” o, “No, ese es solo el segundo jhana,” le hubiera hecho un corto-circuito a las cualidades que estaba tratando de inculcar. Él, en vez de tus propios poderes de observación, hubiese sido la autoridad acerca de qué estaba sucediendo en tu mente; y hubieses sido absuelto de toda responsabilidad de evaluar correctamente lo que habías experimentado. Al mismo tiempo, hubiese estado alimentando tu deseo infantil por complacerlo o impresionarlo, socavando tu habilidad para lidiar con la tarea a mano, que era cómo desarrollar tus propios poderes de sensibilidad para ponerle fin al sufrimiento y el estrés. Como me dijo una vez, “Si tengo que explicar todo, te acostumbrarás a tener las cosas en bandeja. Y luego ¿qué harás cuando tengas problemas que surjan en tu meditación y no tienes experiencia alguna en resolver las cosas por tí mismo?”

Entonces, estudiando con él, tuve que aprender a tomar riesgos en medio de incertezas. Si algo interesante venía en la práctica, tenía que quedarme con ello, observándolo con el tiempo, antes de llegar a alguna conclusión al respecto. Incluso ahí, aprendí, las etiquetas que le apliqué a mis experiencias no podían ser escritas en piedra. Debían ser más bien como notas en pegatinas: marcadores convenientes para mi propia referencia que pudiera despegar y pegar en otro lado a medida que me familiarizara más con el territorio de mi mente. Esto probó ser una lección valiosa que se aplicó a toda área de mi práctica.

Aún así, Ajaan Funag no me dejó para que reinventara la rueda del dhamma totalmente por mi cuenta. La experiencia le había mostrado que algunos acercamientos al reposo mental funcionaban mejor que otros para poner la mente en una posición en la que pudiese ejercitar su ingenuidad y juzgar con precisión los resultados de sus experimentos, y él era muy explícito en recomendar esos acercamientos. Entre los puntos que enfatizó estaban estos:

Un reposo mental fuerte es absolutamente necesario para liberar insight. “Sin una base sólida de reposo mental,” a menudo decía, “los insights son solo conceptos.” Para ver con claridad las conexiones entre el estrés y sus causas, la mente debe estar muy estable y quieta. Y para permanecer quieta, requiere de un fuerte sentido de bienestar que solo un reposo mental fuerte puede proveer.

Para obtener insight sobre un estado de reposo mental, debes quedarte con él por un tiempo largo. Si empujas impacientemente de un nivel de reposo al siguiente, o si tratas de analizar un nuevo estado de reposo demasiado rápido después que lo has logrado, nunca le das la oportunidad para que muestre su potencial total y no te das a ti mismo la oportunidad para familiarizarte con él. Así que tienes que seguir trabajando en él como habilidad,

El mejor estado de reposo mental para desarrollar insight absoluto es aquel que abarca una conciencia del cuerpo completo. Hubo dos excepciones a la práctica usual de Ajaan Fuang de no identificar el estado que habías logrado en tu práctica, y ambas involucraban estados de reposo mental incorrecto. La primera era el estado que viene cuando la respiración se vuelve tan confortable que tu enfoque se desvía de la respiración a la sensación de confort misma, tu atención comienza a emborronarse, y tu sentido del cuerpo y tus alrededores se pierde en una placentera neblina. Cuando emerges, encuentras difícil de identificar dónde exactamente estabas enfocado. Ajaan Fuang llamaba a esto moha-samadhi, o reposo-mental-de-delusión.

El segundo estado era uno que a mí una vez me ocurrió encontrar una noche cuando mi reposo mental era extremadamente uni-puntual, y tan refinado que se negaba a establecerse o a etiquetar aún los más fugaces objetos mentales. Caí en un estado en el que perdí toda sensación del cuerpo, de todo sonido externo e interno, o de todo pensamiento o percepción completamente — aunque había solo suficientemente pequeña conciencia como para hacerme saber, cuando emergí, que no había estado dormido. Encontré que podía estar ahí por muchas horas, y sin embargo el tiempo pasaba muy rápido. Dos horas parecían dos minutos. Podía también “programarme” para salir en un determinado momento.

Después de llegar a este estado por varias noches seguidas, le conté a Ajaan Fuang de esto, y su primera pregunta fue, “¿Te gusta?” Mi respuesta fue “No,” porque me sentí un poco aturdido la primera vez que salí. “Bien,” dijo. “Mientras no te guste, estás seguro. A algunas personas les gusta mucho y piensan que es nibbana o cese. En realidad, es un estado de no-percepción (asaññi-bhava). No siquiera es reposo mental correcto, porque no hay manera en que puedas investigar nada ahí dentro para obtener algún tipo de sabiduría. Pero sí tiene otros usos.” Me contó de la vez en que él pasó por una cirugía de riñón, al no confiar en el anestesiólogo, entró en ese estado por lo que duró la operación.

En ambos estados de reposo mental incorrecto, el limitado rango de conciencia era lo que los hacía incorrectos. Si áreas completas de tu conciencia están bloqueadas, ¿cómo puedes obtener insight absoluto? Y como me di cuenta en los años desde entonces, las personas adeptas a borrar grandes áreas de conciencia por medio de una uni-puntualidad poderosa también tienden a ser psicológicamente adeptas a la disociación y la negación. Es por esto que Ajaan Fuang, siguiendo a Ajaan Lee, enseñó una forma de meditación con la respiración que apuntaba a una conciencia absoluta de la energía respiratoria en todo el cuerpo, jugando con ella para obtener una sensación de paz, y luego calmándola de manera que no interfiriese con la visión clara de los sutiles movimientos de la mente. Esta conciencia absoluta ayudaba a eliminar puntos ciegos donde a la ignorancia le gusta acechar.

Un estado ideal de reposo mental para dar pie al insight es aquel que puedes analizar en términos de estrés y ausencia de estrés incluso cuando estás en él. Una vez que tu mente estaba firmemente establecida en un estado de reposo, Ajaan Fuang recomendaba “levantarla” de su objeto, pero no tan lejos como para que la concentración se destruyera. Desde esa perspectiva, podías evaluar qué niveles de estrés aún estaban presentes en el reposo mental y podías dejarlos pasar. En las etapas iniciales, esto usualmente involucraba evaluar cómo te estabas relacionando con la respiración, y detectando niveles más sutiles de energía respiratoria en el cuerpo que proveerían de una base para niveles más profundos de quietud. Una vez que la respiración estaba perfectamente tranquila, y la sensación del cuerpo comenzaba a disolverse en una niebla sin forma, este proceso involucraba detectar las percepciones del “espacio,” “saber,” “unidad,” etc., que aparecerían en lugar del cuerpo y podían ser peladas como las capas de una cebolla en la mente. En cada caso, el patrón básico era el mismo: detectar el nivel de percepción o fabricación mental que estaba causando el estrés innecesario, y abandonarlo por un nivel más sutil de percepción o fabricación hasta que no hubiese nada que abandonar.

Era por esto que, por tanto que tu conciencia estuviese tranquila y en absoluta alerta, no importaba si estabas en el primer o el catorceavo jhana, pues la manera en que tratabas tu estado de reposo mental era siempre el mismo. Dirigiendo tu atención a asuntos de estrés y su ausencia, él estaba apuntándote a términos por los cuales evaluar tu estado mental por tí mismo, sin tener que preguntar a ninguna autoridad externa. Y, como resultado, los términos que puedes evaluar por tí mismo — estrés, su causa, su cese, y el camino a su cese — son los asuntos que definen a las cuatro nobles verdades: la perspectiva correcta que el Buddha señala que conduce a la liberación total.