Renuncia

Renuncia

nekkhamma

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Un trato justo

Haré un trato: el envejecimiento por lo-que-no-envejece, el arder por lo No-limitado: la más elevada paz, el insuperable descanso del yugo.

— Thag 1.32

Si, abandonando un relajo limitado, viese una abundancia de relajo, el despierto abandonaría el relajo limitado por el abundante.

— Dhp 290

Contrario a la opinión popular

Entonces Ven. Ananda, junto a Tapussa el dueño de hogar, fueron donde el Bendito y, al llegar, habiéndose postrado ante él, se sentaron a un lado. Sentado ahí dijo al Bendito: “Tapussa el dueño de hogar, aquí, me ha dicho, ‘Venerable Ananda, señor, nosotros somos dueños de hogar que se consienten en la sensorialidad, se deleitan en la sensorialidad, disfrutan la sensorialidad, se regocijan en la sensorialidad. Para nosotros  — consintiéndonos en la sensorialidad, deleitándonos en la sensorialidad, disfrutando la sensorialidad, regocijándonos en la sensorialidad — la renuncia parece una total pérdida. Pero he oído que en esta doctrina y disciplina los corazones de monjes muy jóvenes da un salto hacia la renuncia, se hacen seguros de sí mismos, estables, y firmes, viéndola como paz. Entonces justo aquí es que esta doctrina y disciplina es contraria a la gran masa de personas: es decir, [el asunto de ] la renuncia.'”

“Así es, Ananda. Así es. Incluso yo mismo, antes de mi Despertar, cuando aún era un Bodhisatta no-despierto, pensaba: ‘La renuncia es buena. El retiro es bueno.’ Pero mi corazón no daba el salto a la renuncia, no se hacía seguro, estable, ni firme, viéndola como paz. El pensamiento me ocurrió: ‘¿Cuál es la causa, cuál es la razón, por qué mi corazón no da el salto a la renuncia, no se hace seguro, estable, ni firme, viéndola como paz?’ Entonces el pensamiento me ocurrió: ‘No he visto la desventaja de los placeres sensoriales; No he seguido [ese tema]. No he comprendido la recompensa de la renuncia; no me he familiarizado con ella. Por eso mi corazón no da el salto a la renuncia, no se hace seguro, estable, ni firme, viéndola como paz.’

“Luego el pensamiento me ocurrió: ‘Si, habiendo visto la desventaja de los placeres sensoriales, fuese a seguir ese tema; y si, habiendo comprendido la recompensa de la renuncia, me familiarizara con ella, está la posibilidad de que mi corazón de el salto a la renuncia, se haga seguro, estable, y firme, viéndola como paz.’

“Así que tiempo después, habiendo visto la desventaja de los placeres sensoriales, seguí ese tema; habiendo comprendido la recompensa de la renuncia, me familiaricé con ella. Mi corazón dio el salto a la renuncia, se hizo seguro, estable, y firme, viéndola como paz. Luego, bien retirado de la sensorialidad, retirado de cualidades inhábiles, entré y permanecí en el primer jhana: con arrobamiento y placer nacidos del retiro, acompañados de pensamiento y evaluación dirigidos…”

— AN 9.41

Dicha

[El Buddha:] “¿Es verdad, Bhaddiya que, al ir al bosque, al pie de un árbol, o a un refugio vacío, exclamas repetidamente, ‘Que dicha! Que dicha!’?”

[Ven. Bhaddiya:] “Sí, lord.”

“¿Qué significado tienes en mente al exclamar repetidamente, ‘Que dicha! Que dicha!’?”

“Antes, cuando era un dueño de hogar, manteniendo la dicha de ser rey, tenía guardias puestos dentro y fuera de los apartamentos reales, dentro y fuera de la ciudad, dentro y fuera del campo. Pero aún cuando estaba así resguardado, así protegido, habitaba yo en el miedo — agitado, desconfiado, y temeroso. Pero ahora, al ir solo al bosque, al pie de un árbol, o a un refugio vacío, vivo sin miedo, sin agitación, con confianza, y sin temor — despreocupado, sereno, con mis deseos satisfechos, con mi mente como un venado salvaje. Este es el significado tengo en mente al exclamar repetidamente, ‘Que dicha! Que dicha!’”

Entonces, al comprender el significado de aquello, el Bendito en esa ocasión exclamó:

En quien no existe provocación alguna, y para quien el devenir y el no-devenir están superados, aquel es quien está — más allá del miedo, dichoso, sin pesar, a quien los devas no pueden ver.

— Ud 2.10

Una noche de sueño profundo

[El Buddha:] “Ahora, ¿qué crees: Supón que un dueño de hogar o el hijo de un dueño de hogar posee una casa con techo en gablete, enyesado por dentro y por fuera, libre de corrientes de aire, con buenas puertas y ventanas cerradas contra el viento. Dentro tiene un sillón de crin con un cobertor de lana, un cobertor bordado, una alfombra de piel de venado, con un toldo cobertor, y cojines rojos a cada lado. Y ahí una lámpara ardiese, y sus cuatro esposas, con sus muchos encantos, le atendiesen. ¿Dormiría en paz, o no? ¿O qué te parece?”

[Hatthaka de Alavi:] “Sí, lord, dormiría en paz. De aquellos en el mundo que duermen en paz, él sería uno.”

“¿Pero qué crees, joven hombre: Podría ahí surgir en ese dueño de hogar o hijo de dueño de hogar alguna fiebre corporal o fiebre mental nacida de la avidez de manera que — ardiendo en esas fiebres nacidas de la avidez — durmiese miserablemente?”

“Sí, lord.”

“En cuanto a esas fiebres nacidas de la avidez — ardiendo en las cuales el dueño de hogar o hijo de dueño de hogar durmiese miserablemente — esa avidez ha sido abandonada por el Tathagata, sus raíces han sido destruidas, hechas como un muñón de palmera, privada de las condiciones para su desarrollo, no destinada a futuro surgimiento. Por lo tanto duerme en paz.

“Ahora, ¿qué crees, joven hombre: Podría ahí surgir en ese dueño de hogar o hijo de dueño de hogar alguna fiebre corporal o fiebre mental nacida de la aversión de manera que — ardiendo en esas fiebres nacidas de la aversión — durmiese miserablemente?”

“Sí, lord.”

“En cuanto a esas fiebres nacidas de la aversión — ardiendo en las cuales el dueño de hogar o hijo de dueño de hogar durmiese miserablemente — esa aversión ha sido abandonada por el Tathagata, sus raíces han sido destruidas, hechas como un muñón de palmera, privada de las condiciones para su desarrollo, no destinada a futuro surgimiento. Por lo tanto duerme en paz.

“Ahora, ¿qué crees, joven hombre: Podría ahí surgir en ese dueño de hogar o hijo de dueño de hogar alguna fiebre corporal o fiebre mental nacida de la delusión de manera que — ardiendo en esas fiebres nacidas de la delusión — durmiese miserablemente?”

“Sí, lord.”

“En cuanto a esas fiebres nacidas de la delusión — ardiendo en las cuales el dueño de hogar o hijo de dueño de hogar durmiese miserablemente — esa delusión ha sido abandonada por el Tathagata, sus raíces han sido destruidas, hechas como un muñón de palmera, privada de las condiciones para su desarrollo, no destinada a futuro surgimiento. Por lo tanto duerme en paz.

“Siempre, siempre duerme en paz; el brahmán totalmente ilimitado, que no adhiere a placeres sensoriales, que es sin adquisiciones y sereno. Habiendo cortado todas las amarras y subyugado el miedo en su corazón, calmado, él duerme en paz, habiendo alcanzado la paz de la conciencia.

— AN 3.34

Descanso

‘Sujetos al nacimiento, sujetos al envejecimiento, sujetos a la muerte, las personas comunes se repelen de aquellos que sufren de lo que ellos están sujetos. Y si yo fuese a repelerme de los seres sujetos a estas cosas, eso no sería adecuado, vivir como ellos.’ Mientras mantuve esta actitud — conociendo el Dhamma sin adquisiciones — superé toda intoxicación con la salud, la juventud, y la vida como quien ve la renuncia como descanso. Para mí, surgió energía, el Desatamiento fue visto claramente. No hay manera  en que pueda tomar parte en placeres sensoriales. Habiendo seguido la vida sagrada, no volveré.

— AN 3.38

Intrépido

“Está el caso de la persona que ha abandonado la pasión, el deseo, la afición, la sed, la fiebre, y el ansia por la sensorialidad. Entonces le ocurre una seria enfermedad. Mientras le ocurre una seria enfermedad, no le ocurre el pensamiento, ‘O, esos amados placeres sensoriales serán apartados de mí, y yo de ellos!’ No se apesadumbra, no se atormenta; no solloza, ni golpea su pecho, ni se torna delirante. Esta es una persona que, sujeta a la muerte, no teme ni se aterroriza con la muerte.”

— AN 4.184

 

 

 

 

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