Una vida meditativa

Thanissaro Bhikkhu

Nos gusta a menudo pensar que simplemente sumando la meditación a nuestro esquema diario, los efectos de ésta empaparán todo sin que tengamos mucho más que hacer. Simplemente adhiere meditación a la mezcla de tu vida y ello transformará todos los otros ingredientes: eso es lo que nos gusta pensar, pero en realidad no funciona de esa manera. Uno debe rehacer la vida para tornarla en un buen lugar para que la meditación se filtre, pues algunas actividades, algunos estados mentales, no son terreno fértil. Son como rocas. Son muy resistentes a recibir alguna influencia desde la meditación.

Es por esto, que cuando eres un meditador tienes que observar además la manera en que vives tu vida, tus actividades cotidianas. Ve si estás creando un ambiente conducente a que la meditación se desarrolle y se propague. De otra manera la meditación se va entre las grietas de las rocas por aquí y por allá, y nunca llega a empapar mucho en absoluto.

Hay una enseñanza en el Canon acerca de cinco principios que un nuevo monje debe tener en mente. Estos principios aplican no solo a los monjes nuevos, sino que a todo aquel que quiera vivir una vida en que la meditación pueda colarse y empapar todo.

El primer principio es la virtud. Asegúrate de atenerte a tus preceptos. En el caso de los monjes, claro, esto se refiere al Patimokkha. En el caso de las personas laicas, se refiere a los cinco preceptos y, en ocasiones, los ocho preceptos. Cuando te atienes a los preceptos, te estás ateniendo a principios firmes en tu vida. El Buddha describió la observación de los preceptos como un regalo, tanto para ti mismo como para los que te rodean. Le regalas protección a la vida de otros, a su propiedad, a su información de la verdad. Los proteges de que tú estés ebrio; los proteges de embarcarte en sexo ilícito. Y cuando estos principios se vuelven preceptos — en otras palabras, promesas a ti mismo que mantienes en toda circunstancia — el Buddha dice que estás regalando protección ilimitada, seguridad ilimitada a otros seres, y que tienes parte en esa seguridad, parte en esa protección tú mismo.

Los preceptos entonces crean un ambiente de mayor protección. Cuando hay más protección, es más fácil meditar. Al mismo tiempo, los preceptos fomentan una actitud de dar. Te das cuenta de que por el bien de tu propia felicidad, debes dar. Cuando te atienes a esa actitud, encuentras que meditar es más fácil, pues muy a menudo las personas se acercan a la meditación con la pregunta “¿qué puedo obtner de esto?” Pero si estás habituado a dar y ver los buenos resultados que vienen de dar, es más probable que preguntes, “¿qué puedo darle a la meditación? ¿qué es necesario dar para que los buenos resultados vengan?” Con esa actitud estás más dispuesto a dar de tu tiempo y energía de modos que quizás antes no estabas dispuesto.

El segundo principio para crear un buen ambiente para la meditación es la moderación de los sentidos. En otras palabras, no solo eres cuidadoso con lo que sale de tu mente, sino que también eres cuidadoso con lo que entra, en términos de las cosas que miras, las cosas que oyes, hueles, degustas, tocas, y piensas. Se cuidadoso de no enfocarte en cosas que darán pie a la avidez, la aversión, o la delusión. Si eres descuidado en tu mirar, descuidado en tu oír, es muy difícil ser cuidadoso con tus pensamientos, puesto que ésos son mucho más sutiles.

Esto no significa que andes con anteojeras en tus ojos o con tapones en tus oídos; simplemente significa que eres hábil en cómo miras las cosas, hábil en cómo oyes. Si sabes que algo tiende a dar pie a la avidez o la aversión, aprende a mirarlo de manera que contrarreste la avidez, contrarreste la aversión. En otras palabras, si algo parece atractivo, buscas su lado inatractivo. Si algo parece inatractivo, buscas su lado atractivo. Como dice Ajaan Lee, sé una persona con dos ojos, no solo uno.

Es por esto que recitamos ese pasaje de la contemplación del cuerpo. No nos dice que no miremos el cuerpo; dice que miremos con más cuidado el cuerpo. Mira las partes que no son atractivas para equilibrar la perspectiva unilateral que simplemente se enfoca en unos cuantos detalles atractivos aquí y allá y tiende a excluir todo lo demás para así dar pie a la avidez. Después de todo, el cuerpo no es lo que produce avidez. La mente produce avidez. La mente comienza el anhelo por sentir avidez y entonces sale a buscar algo que la incite, y se agarra de cualquier detalle que pueda encontrar, aún cuando esos detalles estén rodeados de impurezas.

Mantén entonces ojo en qué sale de la mente y qué entra. Para las personas laicas, esto significa ser cuidadoso respecto a los amigos con que nos asociamos, las revistas que lees, la TV que miras, la música que oyes. Sé muy cuidadoso respecto a cómo ves estas cosas, cómo oyes estas cosas. Luego de un tiempo te das cuenta de que este no es un asunto de restringirte a ti mismo tanto como es de aprender a ver las cosas con más cuidado, más cabal, ya que estás viendo ambos lados de lo que solía parecer solamente atractivo o solamente repulsivo.

Esto requiere algo de esfuerzo. Debemos ser más energéticos en poner ojo en cómo miramos y oímos. Pero la recompensa es que la mente se pone en muchísimo mejor forma para meditar ya que no la estás llenando con todo tipo de basura, veneno, o comida chatarra que la dañará, debilitará, o que se interpondrá en el camino. Y entonces cuando te sientas a meditar, si has sido descuidado con lo que ha estado entrando y saliendo de tu mente, te encuentras con que es como hacer el aseo en un lugar luego de un año de abandono. Hay tanta basura dentro que pasas casi toda la hora limpiando y entonces das cuenta de que tienes solo cinco minutos de alguna quietud real al final. Así que mantén la mente limpia desde el comienzo, todo el tiempo. No dejes basura alguna en la puerta o en las ventanas. Si entra basura, deja que salga inmediatamente. No la amontones. De esa manera hallarás que tienes un sitio mucho más agradable donde sentarte y aquietarte rápidamente al crear tu hogar meditativo.

El tercer principio para crear un buen ambiente para la meditación es la moderación en tu conversación. La primera vez que fui a hospedarme con Ajaan Fuang, dijo que la lección primera en la meditación es mantener el control de la boca. En otras palabras, antes de decir nada, pregúntate: “¿Es esto necesario? ¿Es esto beneficioso? ¿Hay una buena razón para decir esto?” Si la hay, entonces adelante y dilo. Si no, entonces mantén silencio. Como dijo él, si no puedes controlar tu boca no hay manera en que vayas a controlar tu mente. Y cuando haces hábito el hacerte estas preguntas, te encontrarás con que en realidad muy poca conversación es necesaria.

Si estás en el trabajo y necesitas hablar con tus compañeros para crear una buena atmósfera, eso cuenta como habla necesaria. Pero a menudo el habla como lubricante social va más allá de eso. Comienzas a volverte descuidado, echándote a correr con la boca, y eso se torna en charlas banales, que no solo son una pérdida de energía sino también una fuente de peligro. Hay tanta grasa que la labor se traba. A menudo las cosas que se dicen y causan el mayor daño son las que se dicen cuando se deja que lo que sea que se venga a la mente salga por la boca sin contención alguna.

Si observar este principio significa que te ganes una reputación de ser una persona callada, bien, no hay problema. Encontrarás que tus palabras, si eres más cuidadoso en distribuirlas al exterior, comienzan a adquirir más valor. Al mismo tiempo estás creando una mejor atmósfera en tu mente. Después de todo, si estás constantemente charlando todo el día, ¿cómo vas a parar la charla mental al sentarte a meditar? Si desarrollas este hábito de cuidar tu boca, el mismo hábito luego llega a aplicarse a la meditación. Todas esas bocas en tu mente comienzan a aquietarse.

El cuarto principio es, para los monjes, frecuentar lugares en la naturaleza, salir de la sociedad, hallar un lugar tranquilo para estar a solas, de manera de obtener cierta perspectiva de tu vida, perspectiva de tu mente, de esa manera lo que está ocurriendo en tu mente puede resaltar ante un alivio más intenso. Este principio aplica también a las personas laicas. Trata de hallar tanta soledad como puedas. Hace bien. Cuando las personas tienen problemas en vivir en soledad es muestra de que hay un montón de asuntos inconclusos en el interior.

Así que crea un pequeño espacio natural en tu hogar. Apaga la TV, apaga las luces, permítete estar a solas sin un montón de distracciones. Dile a todos en tu hogar que necesitas un poco de tiempo a solas periódicamente. Cuando haces esto, encuentras que las cosas sumergidas en las profundidades de tu mente salen a la superficie. Solo al salir a la superficie puedes lidiar con ellas. Al estar solo y sin todo el estímulo externo, es natural que la mente tienda a permanecer en la respiración con mayor facilidad. Quizás haya un montón de charla mental al comienzo, pero después de un rato te hartas. Prefieres simplemente estar tranquilo. Al mismo tiempo, te escapas de la influencia de los pensamientos y opiniones de todo el mundo. Te ves obligado a preguntarte, “¿En qué crees tú realmente? ¿Cuáles son tus opiniones? ¿Qué es lo importante para ti cuando no te lleva la opinión de otros?”

Lo cual conduce al quinto principio: desarrollar la Perspectiva Correcta. La Perspectiva Correcta tiene dos niveles. Primero está la certeza en el principio del karma, de que lo que haces realmente tiene resultados — y que eres realmente tú el que lo hace. No es alguna fuerza externa que actúa por medio de ti, ni las estrellas ni un dios o alguna fuerza del destino. Tú estás tomando las decisiones y tú tienes la capacidad de hacerlo con habilidad o no, dependiendo de tu intención. Es importante tener confianza en este principio puesto que esto es lo que te da mayor poder en la vida. Es una certeza que empodera  — que también involucra responsabilidades. Es por eso que debes ser cuidadoso en lo que haces, por eso que no puedes ser negligente. Cuando eres cuidadoso de tus actos, es más fácil ser cuidadoso con tu mente al momento de meditar.

En cuanto al segundo nivel de la Perspectiva Correcta, el nivel trascendente, apunta a ver las cosas en términos de las cuatro nobles verdades: estrés/sufrimiento, la causa del estrés/sufrimiento, el cese del estrés/sufrimiento, y el camino de práctica hacia el cese. Solo mira el rango completo de tu experiencia: en vez de dividirlo en sus patrones usuales de yo y no yo, simplemente mira y ve, “¿dónde hay sufrimiento? ¿dónde hay estrés? ¿qué va con ello? ¿qué estás haciendo que da pie a ese estrés? ¿puedes abandonar esa actividad? ¿y qué cualidades necesitas desarrollar, qué cosas necesitas abandonar para abandonar el ansia, la ignorancia que subyace al estrés? Cuando dejas el ansia, ¿puedes estar atento a lo que está ocurriendo?” Muy a menudo cuando dejamos un ansia simplemente tomamos otro. “¿Puedes volverte más y más conciente de ese espacio entre los ansias y expander ese espacio? ¿Cómo se siente una mente sin ansia?”

De acuerdo al Buddha es importante ver las cosas de esta manera porque si identificas todo en términos de ti mismo, ¿cómo podrías comprender algo por lo que realmente es? Si te atienes a la idea de que el sufrimiento es tú mismo, ¿cómo podrías comprender el sufrimiento? Si lo ves simplemente como sufrimiento sin ponerle la etiqueta de “yo” o “mío”, puedes empezar a verlo por lo que es y aprender a abandonarlo. Si es tú mismo, si te aferras a esa creencia de que es tú mismo, no puedes abandonarlo. Pero ver las cosas en términos de las cuatro nobles verdades te permite resolver el problema del sufrimiento de una vez por todas.

Comienza entonces a ver tu vida entera a esta luz. En vez de culpar a las personas afuera por tus sufrimientos, ve lo que estás tú haciendo para contribuir a ese sufrimiento y enfócate en lidiar con eso primero. Cuando desarrollas esta actitud en la vida cotidiana, es mucho más fácil aplicarla a la meditación. Creas un ambiente en que atenerte al noble sendero hace cada vez más sentido.

Estos son entonces los factores que crean el ambiente para la meditación ya sea que seas un monje nuevo viviendo aquí en el monasterio o una persona laica que vive fuera del monasterio: es deseable atenerse a los preceptos, ejercitar la moderación de los sentidos, practicar la moderación de la conversación, crear lugares tranquilos y retirados para ti mismo, y desarrollar la Perspectiva Correcta. Cuando sigues estos principios, se crea un ambiente más conducente a permitir el desarrollo y prosperidad de la compostura mental. A la vez, se crea un ambiente más receptivo a permitir que los resultados de la compostura mental se expandan en todas direcciones. De esta manera, tu práctica, en vez de ser forzada hacia las grietas de un ambiente hostil y extraño, tiene espacio para asentar sus raíces, crecer, y transformar todo a su alrededor.

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